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¿Qué hay de lo mío?

Ioannis Bourousis fue un buen movimiento del Real Madrid cuando llegó al equipo blanco en verano de 2013. El pívot griego conoce el oficio y aportaba una buena dosis de carácter a un juego interior con la sospecha de “blando”. Incluso su primera temporada en el conjunto madrileño tuvo más luces que sombras  por ese plus que aportó en los encuentros más duros  justificando su fama de buen competidor.

La realidad actual del jugador griego no arroja ningún dato positivo. Su actitud no parece la más adecuada para revertir la situación y, especialmente en defensa, su desidia es muy llamativa. Bourousis no está y dentro de poco se dejará de esperarle porque ya vienen siendo recurrentes los avisos que le está haciendo llegar Pablo Laso con largas minutadas en el banquillo. Su ausencia en la segunda mitad de la semifinal de la Copa que ha ganado el Real Madrid al Cai Zaragoza está más que justificada.

Y claro que no es fácil ser pívot en la dinámica de juego del Real Madrid. Un equipo que cuenta en sus filas con exteriores como Sergio Rodríguez, Sergi Llull o Rudy Fernández es lógico que plantee situaciones donde estos jugadores tengan mucho tiempo el balón en las manos. El Real Madrid en ocasiones lleva esta máxima demasiado lejos y es un equipo algo desequilibrado. Que se lo digan a Gustavo Ayón que recibe muy pocos balones en el  poste medio. Sin embargo es bastante diferente la manera en que el jugador mejicano está tratando de adaptarse a esta realidad a la cuestionable disposición que exhibe Bourousis.

No diré que la temporada de Ayón esté siendo buena, por el momento se puede calificar de decepcionante, pero se adapta a defender a “cuatros”, rebotea con cierta consistencia y en ataque no deja de intentarlo a pesar de su evidente falta de acierto y su nula amenaza más allá de dos o tres metros del aro. Estoy convencido de que Ayón encontrará su “premio” porque hace todo lo posible por tenerlo y porque su sentido del colectivo no tiene nada que ver con la que muestra un Bourousis que paga su frustración de no tener presencia ofensiva olvidándose de su responsabilidad en defensa. El rendimiento del internacional griego es un claro ejemplo del que está más preocupado por ver qué puede hacer el colectivo por él que en lo que puede aportar al rendimiento del grupo.

¿Es posible la resurrección de Bourousis?. Por supuesto, tiene dos ejemplos extraordinarios en los que fijarse. Felipe Reyes, que no espera que le llegue el balón ni para anotar ni para capturar rebotes, sino que busca sin descanso ser parte activa de los partidos. El otro es Marcus Slaughter, el jugador guineano (en fin…) se ha hecho imprescindible desde el silencio, el trabajo, su propio rendimiento y también por la aportación de los otros “cincos” del equipo. No pasaaría el balón a Slaughter a más de un metro del aro pero qué positivo es para el rendimiento del Real Madrid contar con un jugador capaz de contagiar tanta actividad y a la vez destapar todas las vergüenzas de compañeros empeñados en tirar por la borda una trayectoria precisamente por dar demasiado valor a la misma.

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