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El Legado de Nash

La confirmación de la retirada de Steve Nash obliga a un merecido reconocimiento a un jugador de una dimensión extraordinaria al que el paso del tiempo aún reforzará por lo difícil que resulta encontrar un tipo de sus características en el baloncesto actual.

Es probable que con la retirada de Nash (la oficial, porque la real se produjo en el momento que fichó por los Lakers) no sólo se pierda un extraordinario talento sino el propio concepto de la posición de base tal y como se ha venido entendiendo desde hace mucho tiempo. Nash fue el último exponente del base director que dio paso al base-ejecutor, por el camino tenemos varios jugadores que ejercen la transición entre ambos conceptos (como Chris Paul por ejemplo) y los últimos coletazos de jugadores de menor dimensión que Nash pero herederos de su estilo como Prigioni.  Parece claro que hay que acostumbrarse a mirar a los bases de otra manera. La principal diferencia entre ambas ideas radica en qué prioridad tiene la anotación para estos jugadores. Nash tenía capacidad para anotar pero en su mentalidad entraban otras alternativas. Su manera de interpretar el juego “dos contra dos” fue fantástica y favoreció que muchos equipos incluyeran este concepto como base principal de su ideario ofensivo. La diferencia principal entre Nash y los bases de ahora es que el jugador canadiense podría ser decisivo en un encuentro sin la necesidad de destacar en la anotación. Nash anotaba después de buscar asistir, Westbrook, por ejemplo, asiste después de buscar anotar.

Hace mucho tiempo que abandoné el modelo “Nash” como vara de medir el rendimiento de los bases. Da igual como entrenador que como espectador, es un error intentar encajar aspectos en determinados jugadores que van en contra de su naturaleza. Y sí, yo era de aquellos que pensaba que no dice cosas buenas que un base sea de manera recurrente el máximo anotador de su equipo, como también pensaba que siempre los bases deben ser los jugadores exteriores con mejor porcentaje de tiro. Seguro que algo queda de aquello, pero conviene abandonar esa rigidez que impide pensar que un equipo puede funcionar bien sin un verdadero “director” en la posición de base, más que nada porque directores-directores hay más bien poquitos. Al final, el rendimiento lo marcará la toma de decisiones y cómo se adapta a jugar un equipo con un jugador que requiera tener mucho tiempo el balón en las manos.

Pienso mientras escribo estas líneas en un ejemplo cercano que tenemos en la Liga Endesa. Hablo del mejoradísimo Laboral Kutxa de Ibón Navarro. Su pareja de “bases” está formada por Mike James y Darius Adams, ninguno de ellos puede ser catalogado como un gran director de juego y su toma de decisiones es más que cuestionable, diría incluso que representan el límite de Baskonia respecto a la línea que separa un buen equipo de un gran equipo. Uno que tiene cierta simpatía por el club vitoriano reconoce que se ha puesto bastante nervioso con ellos en pista en la resolución de algunos partidos. Dicho esto, ambos jugadores tienen su parte importante de responsabilidad en la mejora de su equipo porque han encontrado un entrenador que no intenta convertirles en un tipo de base que nunca serán sino en ofrecerles los medios para que puedan alcanzar su máximo nivel personal.

La grandeza de lo que ha representado Steve Nash es que a todos los entrenadores les hubiera encantado tanto tener un jugador como él que muchos de ellos no han sabido manejar otro tipo de jugador presos de esa nostalgia.

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