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Entonces ¿el seleccionador?

¿Es un drama que una selección que se juega el próximo verano su presencia en los próximos Juegos Olímpicos no tenga seleccionador por estas fechas?. No parece para tanto, la verdad. ¿Sería aconsejable que ya estuviera designado?. Absolutamente. Respondería a la inquietud generada después del último Campeonato del Mundo y el elegido podría empezar a trabajar en su proyecto e implicar a aquellos jugadores que considere básicos para su proyecto. Además,  podría influir  en el modelo de preparación que, a buen seguro, ya se está valorando y sobre el que sería conveniente que el entrenador tuviera  voz y voto.

¿Qué refleja esta situación?. Lo que ya sabíamos, el entrenador de la selección española masculina de baloncesto es una figura importante pero prescindible en el proceso de planificación. Por otra parte, no puede evitarse sentir una cierta decepción de pensar que todas aquellas promesas de regeneración y de revisar absurdas normas vuelvan a quedarse en nada, algo habitual en las organizaciones que dirigen el baloncesto español, hábiles para prometer y discutir (sobre todo después de malos resultados) pero poco ágiles para crear e impulsar. Entiendo  que la demora en cuanto a la decisión de quién será el seleccionador esté pendiente de situaciones contractuales de técnicos que puedan ser de interés de la FEB o de un último intento por cambiar la normativa que impide a entrenadores con contrato en ACB ser seleccionadores aunque  parece claro  que si hubiera verdadera voluntad de modificar la norma, ésta ya no existiría.

Lo cierto es que pasados varios meses desde la decepción que supuso no optar a las medallas en el Mundial que organizaba, las incógnitas respecto a la selección española parecen aumentar cada día, incluso se genera alguna nueva como lo que pueda haber detrás de ese comentario tan acertado de Pau Gasol sobre lo poco comprensible de la ausencia de seleccionador a estas alturas.  Ya no se trata sólo de quién liderará el grupo desde el banquillo sino de saber cuál va a ser la respuesta de España a nivel emocional, actitudinal y táctico y también del  nivel de compromiso de los posibles jugadores que pudieran ser convocados. En este sentido, el baloncesto cuenta con unos privilegios no asumidos en otras modalidades ya que se entiende, respeta y tolera cualquier incomparecencia voluntaria ante una convocatoria. No está de mal recordarlo por la reacción que se ha tenido ante otros casos similares en otros deportes. Y por supuesto,  que allá cada uno con lo que entiende mejor para su cuerpo, su mente y sus arcas, faltaría más, aunque permitidme que me sorprendería que jugadores como Calderón o Ricky Rubio que estarán dentro de menos de un mes de vacaciones renunciasen a jugar con España en el mes de septiembre.

Aquel partido contra Francia supuso un palo enorme que como casi todas las derrotas puede convertirse en el primer impulso de otro ciclo exitoso. La receta para que eso suceda parece, a priori, sencilla, capacidad para reconocer los errores, humildad, ilusión y dejar a un lado la soberbia. De momento, no diría que lo sucedido en estos meses se ajuste a estos criterios.

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