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Corazón, carácter y… Laso

Entiendo que la mayoría de los éxitos deportivos son merecidos, pero en pocas ocasiones he encontrado tan adecuado este calificativo como para esta Euroliga que ha conquistado el Real Madrid. Conozco a Pablo Laso de “Hola y adiós” pero no ha sido difícil empatizar con un técnico que ha creado uno de los proyectos más atractivos que he presenciado en este deporte.

El partido ha comenzado con el barro que ha propuesto Olympiacos ante el que el Real Madrid no ha tardado en oponer un trabajo defensivo impresionante en el que sólo chirriaba la excesiva atención en Spanoulis que dejaba campo libre a otros compañeros. También ha jugado la memoria y la presión que arrastraba el Real Madrid que ha afectado a determinados jugadores en el comienzo del partido. Por eso ha sido importante la aportación de esos jugadores que han llegado esta temporada y que han cumplido con creces su misión de aportar carácter, experiencia y mentalidad ganadora en este tipo de eventos.  Así lo ha entendido Nocioni, capaz de intimidar a un equipo tan físico como los griegos y marcar el nivel de intensidad que debían imitar sus compañeros.

Frente a ellos Olympiacos ha seguido al dedillo su habitual manual de supervivencia. Normalmente, el paso de los minutos desgasta a sus rivales sobre todo mentalmente por lo incómodo que resulta enfrentar a estos guerreros indomables a los que, de vez en cuando, hasta se les escapan sonrisas cuando van por detrás en el marcador. El mérito del Real Madrid ha residido en su fortaleza mental para agarrarse a su defensa cuando los griegos les llevaban a ataques sin fluidez y con poca circulación de balón. Desde la solidez de su trabajo defensivo y con la aportación de los menos habituales Rivers, Slaughter, Maciulis y Nocioni, el equipo dirigido por Pablo Laso superó un momento de duda donde un parcial de 11 a 0 de los griegos amenazaba con una historia ya conocida. Entonces apareció Carroll, que recordó al de sus mejores días y con sus triples arañó la mentalidad de los  griegos a los que castigó verse con la obligación de hacer un nuevo esfuerzo para meterse en el partido. A fe que lo intentaron pero enfrente ya no estaba el equipo que había perdido dos finales sino el grupo que mejor baloncesto ha hecho en los últimos años en Europa.

Mención especial para Pablo Laso. Desde su llegada el Real Madrid ha recuperado la competitividad y ha sido capaz de construir un proyecto en el que ha sabido evolucionar como entrenador y hacer progresar a sus jugadores. Un técnico con cintura para corregir errores como el que les llevó a llegar tiesos al final de la pasada temporada y con habilidad para identificar los aspectos que marcan la diferencia en los partidos. La dimensión de Laso se ha manifestado en detalles como saber sacar rendimiento en defensa de tipos como Carroll o Rivers, leer los quintetos de “pequeños” que planteaban los griegos y confiar en la mayor calidad de sus jugadores de banquillo, aspecto en el que los blancos superaban a sus rivales. Por  encima de todo, un tipo normal, que ha alcanzado la cima del baloncesto europeo desde la serenidad, la confianza en su método y construyendo la mejor pareja de bases del baloncesto europeo que, incluso en un día no especialmente brillante, también han marcado la diferencia con sus rivales.

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