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Hay partidos y momentos que permanecen en la memoria deportiva de cada uno. Esta victoria frente a Francia ocupará un lugar privilegiado en el particular museo de muchos aficionados. Más allá del enorme significado del triunfo (clasificación para los Juegos Olímpicos y optar a un nuevo título), el encuentro ha aportado matices extraordinarios, de aquellos que llegan a la piel por la emoción, intensidad y pasión con las que ha competido España.

Durante varios minutos he tenido la sensación de estar viendo un partido de la España de los 80 y los 90, cuando eramos candidatos pero no favoritos y en los que, a la hora de la verdad, eramos superados por el enorme poderío físico de nuestros rivales de entonces. En seguida, Pau Gasol se ha encargado de “despertarme”. En realidad, Gasol hace tiempo que nos despertó a todos, su actuación en este Eurobasket y en particular en esta semifinal será un pasaje  imprescindible de su biografía deportiva por su absoluta superioridad ante sus rivales, su continuidad en el juego y, por encima de todo, su absoluto liderazgo en un grupo castigado por las ausencias, los problemas físicos y las pequeñas heridas mentales generadas en algunos jugadores durante la competición.

Con 35 años a cuestas, la vitrina llena de títulos y el reconocimiento universal, Gasol ha encontrado en las circunstancias que rodean a España y a este Eurobasket un impulso esencial que le está ayudando a desplegar su mejor versión. Aunque no soy partidario de las especulaciones y prefiero agarrarme a las certezas, no parece muy arriesgado aventurar que con una España al completo y con menos necesidad, Gasol no hubiera rendido a este nivel. Digo esto para valorar aun más su compromiso, deseo y ambición para prestar un pen-último servicio que posicione a nuestro baloncesto en el nivel que merece después de una década maravillosa. Quién tenga problemas para distinguir un talento técnico-táctico de un talento sólo físico que revise el apasionante duelo Gasol-Gobert.

Más allá de Gasol, merecen reconocerse otros factores como importantes para obtener la victoria frente a una gran selección como Francia. La defensa de España ha rozado la perfección en muchos momentos, tanto en el planteamiento de los técnicos como en lo ejecutado por los jugadores. No ha sido tan bueno el trabajo en el rebote, que ha mantenido a Francia en el encuentro pero que se ha conseguido igualar en los momentos decisivos por la implicación de todos los jugadores. Muy importantes también los minutos de Sergio Rodríguez, especialmente los primeros que ha disputado, por  su atrevimiento y por el mensaje que ha podido hacer llegar a sus compañeros. Emocionante y simbólico  ver como Felipe Reyes ha terminado jugando los minutos decisivos junto a su compañero de generación, Pau Gasol.  Como ocurría muchas veces en el Real Madrid, Reyes ha condenado a Mirotic al banquillo en los momentos decisivos. Seguro que el bueno de Mirotic disputará muchos encuentros como éste, pero en un partido para “tíos”, Reyes es una garantía.

A todos nos fascinaba la España que aplastaba por talento. No es mala cosa disfrutar de victorias basadas en el  esfuerzo, solidaridad, carácter y Pau Gasol. Me pregunto si este partido ha marcado el límite de lo que puede dar esta selección en sus circunstancias actuales. Probablemente sea así en compromiso y actividad defensiva, por lo menos si lo comparamos con lo mostrado en los partidos anteriores. La Final nos dará alguna respuesta más sobre esta duda. Ahí veremos si la “liberación” de haberse clasificado para los Juegos Olímpicos es un estímulo o un freno y si el gran partido por llegar que esperamos de determinados jugadores se ha guardado para decidir un título.

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