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Desatados

Recordaba un amigo la NBA de los Magic, Bird, Jordan y compañía. Aquellos años donde muchos nos aproximamos a esta competición. Lo hacía desde la nostalgia y con el convencimiento de que la era actual está muy lejos de esa etapa. Dentro de lo difícil que resulta comparar el mismo deporte practicado 30 años después, pienso que estamos asistiendo a una época brillante que, probablemente, se valorará mucho más con el paso de los años por el gran número de jugadores de gran talento y por la presencia de varios equipos de gran nivel (especialmente en la conferencia Oeste).

El comienzo de la temporada regular no está dando tregua. Sabéis que me alineo con los que piensan que esta Fase es demasiado larga y origina demasiados partidos intrascendentes pero las primeras semanas se cogen con ganas para evaluar plantillas, equipos y nuevos talentos. Ayuda, además, que en esta temporada las grandes estrellas no se han dedicado a especular y nos están regalando grandes momentos desde los primeros momentos.

Stephen Curry, Russell Westbrook y Blake Griffin caminan un paso por encima de los demás ahora mismo. Curry ha querido mandar un mensaje a la liga, reivindicando su papel como actual MVP y líder del equipo campeón. La dimensión actual del base de los Warriors es muy difícil de igualar, parece que el título de campeón haya reforzado su convicción y confianza. Curry transmite la sensación de que es capaz de anotar siempre que se lo proponga, sus recursos ofensivos parecen infinitos porque es capaz de resultar una amenaza a gran distancia del aro. Curry se divierte y nos divierte, como también lo hace Westbrook. Si el baloncesto de Curry tiene su origen en sus manos, el de Westbrook nace de unas piernas impresionantes que le hacen asociarle irremediablemente el calificativo de “imparable”. Un jugador que no conoce límites más allá de su propia ansiedad que, en ocasiones, le lleva a tomar malas decisiones.  Si su química con Kevin Durant no se  resiente y las lesiones respetan a ambos, los Thunder son tan candidatos como cualquiera para conseguir el título.

Quién sabe si ser un habitual de los “highlights” ha condicionado para bien o para mal la consideración de Blake Griffin. La evolución de Griffin desde su llegada a la liga es tremenda. Por un lado, ha ganado en continuidad en el juego y por otro ha sido capaz de mejorar su tiro y su capacidad de pase. Griffin es mucho más que sus mates, probablemente el mejor jugador en su puesto en la competición y el mejor aval de los Clippers para dar un paso más esta temporada. Griffin no pertenece al prototipo de jugador que me enamora pero tiene una cualidad que respeto muchísimo, ser capaz de evolucionar año tras año en aquellos aspectos deficitarios de su juego. Este hecho refleja responsabilidad, compromiso y humildad y esos son valores más que respetables.

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