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Bryant y su legado

El récord de los Warriors y la retirada de Kobe Bryant son los dos hitos del año. Bryant es  uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto y esto no  lo dice precisamente uno de sus mayores seguidores. No se puede dudar de la calidad y trayectoria de un jugador que impactó desde su llegada a la competición y que ha llevado su cuerpo hasta el límite en su afán por competir  siempre al máximo nivel. Ha sido precisamente en sus últimos años, los menos brillantes de su equipo, Los Angeles Lakers, donde Bryant más me ha conquistado por el orgullo con el que ha tratado de defender su prestigio. Las leyendas se alimentan fundamentalmente de victorias pero el respeto tiene muchas más fuentes. Es curioso, para mí Bryant ha encajado más en la definición de “ganador” en una época en la que su equipo no ha hecho más que acumular derrotas.

Su última noche ha estado a la altura de su Leyenda. Sus compañeros le han cedido el balón que él tantas noches les quitó para que Bryant se gustara y disfrutara anotando 60 puntazos y regalándose una despedida con victoria. Su último partido ha sido emocionante  y ha estado a la altura de su extraordinaria trayectoria. La NBA ha vuelto a marcar diferencias por el respeto y el orgullo con el que cuida su producto. Bryant es patrimonio de la Liga y del baloncesto, no sólo de la franquicia donde ha desarrollado toda su carrera. Qué distinto a los localismos catetos que se manejan en otras competiciones.

Pienso en Kobe Bryant y creo que muchos  aspectos de su juego que me alejaron de él  son probablemente los detalles que le abrieron paso hacia el “Olimpo”. Rechacé de Bryant su “obsesión” por imitar a Jordan (o lo que yo entendí por obsesión, claro), pero no es mala cosa intentar medirse con el más grande y sin duda no hay nadie que haya merecido más el título de “heredero” que el jugador de los Lakers. Me alejó de él su afán permanente de reivindicarse como héroe o como líder cuando estas condiciones venían de serie y no hace falta anunciarlas sino exhibirlas (cosa que hizo en innumerables ocasiones) y me irritó su falta de generosidad en el juego, que yo interpretaba como desdén o falta de confianza en alguno de sus compañeros,  pero que probablemente eran síntomas de un tipo obsesionado por dejar un legado irrepetible.

Bryant, siendo un extraordinario anotador  ha sido mucho más que eso. Me quedo con su brillantez a nivel técnico, su capacidad para driblar, su rango de tiro (más amplio que el de Jordan) y su habilidad para generarse anotación jugando de cara  y de espaldas a canasta (Lebron, ¿ te animas a llamarle en verano?). Dotado de unas condiciones físicas extraordinarias, Bryant ha podido prolongar su carrera por la calidad de sus gestos y por su ambición por ser mejor cada día.  Además de sus títulos individuales y colectivos, éste debe ser el mayor valor de su herencia, su obsesión por ser mejor cada día y por competir cada minuto que dedicara a este juego.

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