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Peras, Bourousis… Baskonia¡¡

La clasificación del Laboral Kutxa Baskonia para la Final Four es una gesta extraordinaria de un club imprescindible en la historia de nuestro baloncesto. El equipo vasco opta a ser el mejor equipo de Europa después de superar con nota un grupo terrible en el Top 16 de la competición y derrotar con gran autoridad a un Panathinaikos impotente ante la actividad y acierto del equipo dirigido por Velimir Perasovic.

Como soy de los que piensa que se debe valorar el qué y el cómo, me gustaría detenerme en las señas de identidad del club vitoriano. Perasovic ha conseguido explotar al máximo las ideas de su baloncesto que apuntó en otros equipos. Respecto a su última etapa en  Valencia mantiene su apuesta por un ritmo alto de juego y un trabajo defensivo en toda la pista que desgasta física y mentalmente a los rivales. En Vitoria ha conseguido un mayor equilibrio ofensivo respecto a su etapa levantina donde en muchos encuentros reducía la suerte de los  mismos al acierto en el lanzamiento exterior. Me gusta de Perasovic como aprovecha al máximo las dimensiones de la pista y la intensidad que imprime a sus equipos, que intentan ser protagonistas y no dejar el destino de los encuentros exclusivamente a los fallos que pueda tener el rival.

Perasovic ha conseguido dar solidez a un grupo sobre el que pesaba la etiqueta de irregular cuando analizabas su plantilla a principio de temporada. En realidad, casi todos (me incluyo) teníamos dudas de si podía llegar a ser fiable un equipo dirigido en la pista por dos tipos como Darius Adams y Mike James, capaces de levantarte de tu asiento para aplaudirles o con intenciones menos agradables… La progresión, el talento y el carácter competidor de ambos jugadores nos ha callado la boca pero es justo reconocer y valorar cómo ha influido en la identidad de su juego y en la de todo el equipo el extraordinario rendimiento de Ioanis Bourousis, verdadero factor X de este Baskonia.

La presencia de Bourousis y su necesidad de sentirse “alimentado” dotan de equilibrio a un equipo con dos bases que necesitan tener el balón en sus manos durante muchos momentos. Un equipo que representa muchos de los signos de identidad del baloncesto moderno ha logrado competir al máximo nivel al amparo de uno de los dogmas más antiguos del juego, ya sabéis, aquello de “dadme un base y un pívot y conquistaré el mundo”.

La dirección de Perasovic, la confianza que siente Bourousis y el rendimiento de los dos bases, sobre todo de Adams, no son los únicos detalles que han contribuido al gran nivel del Baskonia. En una etapa de opulencia, representada por plantillas largas, Perasovic ha hecho de la necesidad una virtud. Seguro que al técnico croata le gustaría contar con más jugadores de primer nivel y compaginar Euroliga y Liga Endesa con mayores garantías,  pero a cambio ha logrado conjuntar una plantilla donde todos los jugadores conocen su papel a la perfección. Menos ha sido más, mucho más.

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