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Lecciones de Krasnodar

No esperaba que el Barcelona cayera eliminado frente al Lokomotiv Kuban. Los rusos son un buen equipo, excelentemente dirigidos, pero su plantilla parece inferior a la del  conjunto catalán.  El Lokomotiv obtiene con su clasificación para la Final Four un justo premio a su excelente temporada. En esta serie ha exhibido todas las cualidades que le han hecho competir contra los mejores equipos de Europa, especialmente en el cuarto partido, ya que son pocos los equipos que pueden presumir de vencer en cancha del Barcelona.

El Barcelona ha sido víctima de la irregularidad que acompaña a su juego desde el principio del curso. Su plantilla es tan larga como escasas son sus certezas. A la hora de la verdad, el equipo ha vuelto a acusar cierta falta de espíritu competitivo y ha exhibido muchas dudas. La sensación es que ha faltado claridad para exprimir aquellos aspectos donde el Barcelona superaba con claridad a los rusos.

Siempre he defendido la labor de Xavi Pascual. Su trayectoria en el Barcelona está plagada de títulos y de una meritoria regularidad en la élite. Es difícil esperar debacles de este equipo por la solidez de su trabajo defensivo y su habitual orden en ataque. Dicho esto, la serie ha destapado viejas carencias en el juego azulgrana que no parecen nuevas sino herederas de una filosofía concreta y de quizás un mal análisis de los errores cometidos en  temporadas precedentes.

No es la primera vez que el transcurso de la temporada no logra consolidar los roles en la plantilla y, por consiguiente, las prestaciones de muchos jugadores. Siempre que me fijo en los equipos pienso en qué jugador parece mejor en mayo de lo que era en septiembre. Hay una realidad en el club catalán últimamente que etiqueta a un mismo jugador como gran fichaje en julio, acierto total en septiembre y tipo dudoso en mayo.  Hay muchos jugadores que actúan con la angustia de la eventualidad,  lo que hace que paradójicamente la plantilla se “acorte” a la hora de la verdad. Desconcierta ver a un tipo tan fiable y sólido como Pau Ribas arrugarse en tiros completamente “librados”, algo que no parece tan raro si piensas en sus largas estancias en el banquillo. Sorprende también que el equipo olvide tan rápidamente el plan de juego que en el tercer cuarto les puso por delante en el marcador, pero tampoco es un defecto nuevo sino algo que viene manifestándose desde hace tiempo y que está relacionado con cierta debilidad mental en momentos complicados de los partidos que provoca que un equipo, acostumbrado a cuidar el pase como elemento esencial de su juego, se atasque con botes inútiles y pases defectuosos.

Me parece injusto esta vez que muchas miradas “incriminatorias” se dirijan hacia Ante Tomic. El pívot croata no recibió un balón en condiciones en el último cuarto. En defensa es imposible que limite en situaciones exteriores a jugadores como Singleton y Randolph como es imposible para éstos detener a Tomic jugando en el poste bajo. Frente a esta realidad queda la táctica colectiva y las decisiones en el juego. El Plan A de Lokomotiv Kuban en el último periodo fue jugar contra Tomic y generar ventajas a partir de esta decisión. El Plan A del Barcelona en los últimos 10 minutos está pendiente de descubrir.

Frente a las dudas azulgranas, Lokomotiv Kuban exhibió en el partido decisivo carácter, determinación y cintura desde el banquillo. Carácter para superar el excelente tercer cuarto del Barcelona; determinación para no dudar respecto a su plan de juego y cintura de su entrenador, Bartzokas,  para corregir decisiones tácticas defensivas que no estaban dando el resultado que esperaba.

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