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Detrás de “Mr Catering”

José Manuel Calderón deja la Selección española.  En una posición en la que siempre ha habido talento en España, Calderón siempre será identificado como “el base” de la mejor selección de nuestra historia. Su última experiencia en Brasil no habrá sido del todo gratificante para el jugador extremeño por los escasos minutos de los que ha disfrutado, pero su actitud en beneficio del grupo ha sido magnífica, ejemplar, y sin duda acorde a su extraordinaria trayectoria como deportista. Conviene valorar actitudes además de resultados y no debemos escatimar tiempo y elogios en ejemplos tan generosos como el que ofreció Calderón en Brasil.

Escuché hablar de José Manuel Calderón cuando él era jugador en categoría cadete. Entonces, compartía la dirección de la “generación del 81” con Hugo García, jugador del Real Madrid, y uno de los mejores jugadores que he conocido en categoría infantil y cadete. Con las precauciones que hay que tener en esas  edades (como se comprobaría con Hugo), ya entonces se aventuraba un futuro espléndido en Calderón. Sus condiciones físicas, representadas por sus prodigiosas piernas marcaban diferencias así como su capacidad de trabajo. Estas condiciones le ayudaron a hacerse un hueco en la generación anterior y conseguir grandes éxitos con los Navarro, Reyes, Gabriel, Raúl López, Cabezas, Bueno y un Pau Gasol que tenía un papel más secundario entonces. Calderón era el más joven y el especialista dentro del grupo, ocupaba la posición de escolta y se le encomendaban principalmente tareas defensivas porque el equipo tenía talento de sobra para anotar. Una lesión le apartó del título mundial juvenil que obtuvo esta generación, a la postre decisiva en nuestro baloncesto.

Es bueno saber estos antecedentes para valorar toda la trayectoria posterior de Calderón. Su progresión y su empeño le ayudaron a mejorar técnicamente y ampliaron su conocimiento del juego. Aquel chico que jugaba de escolta se convirtió en el mejor base posible para dirigir a sus compañeros. Pareció esforzarse porque se abandonara la imagen de él como jugador auspiciado por su físico (renunciaba a mates) por una versión más completa en la que el progreso en el lanzamiento exterior le aupó a la categoría de “estrella”. Precisamente este empeño me alejó en algún momento de él porque esa versión tan académica y, probablemente  necesaria, nos privaba de chispazos de genialidad para los que también estaba preparado. Percibí en el juego de Calderón ciertos aspectos rutinarios en una trayectoria extraordinaria en la que siempre ha dominado su generosidad y su afán por entender cómo podía enriquecer el juego del equipo y de sus compañeros.

Su aval de más de diez años en la NBA es lo suficientemente contundente como para no necesitar más defensa. Nadie juega tanto tiempo en esa competición sin el respeto de compañeros, técnicos y de la propia Liga. A buen seguro que aún le quedan  muchas noches brillantes en la Liga en su nuevo reto con Los Angeles Lakers, tan necesitados de gente que sepa de qué va esto para guiar a sus jóvenes talentos. Tengo claro lo que puede aportar Calderón a los Lakers pero no tan claro lo que puede aportar la franquicia californiana al jugador extremeño. Me gustaría que tuviera minutos para disfrutar, sentirse jugador y tener una temporada de continuidad que le animara a buscar nuevos retos, quizás en Europa, donde un estímulo competitivo le ayude a volver a sacar lo mejor de él. Hay muchos buenos minutos de Calderón por ver, mientras tanto, solo queda darle las gracias por su indudable y decisiva aportación en los mejores años de nuestro baloncesto.

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