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Westbrook y el eterno debate

La primera semana de competición en la NBA no ha defraudado. Las estrellas no entienden de adaptación y parecen empeñadas en reivindicarse desde el primer partido. Hemos asistido a exhibiciones individuales históricas que probablemente confirman esa sensación bipolar de la competición americana, con un más que nunca amplio número de jugadores superlativos pero con mucha vulgaridad en los fondos de armario.

Si Oklahoma City Thunder permanece invicto se debe fundamentalmente a Russell Westbrook (y también a un calendario benévolo). No es la primera vez que escribo sobre el ¿base? de los Thunder, que siempre me ha parecido un jugador extraordinario pero que  me ha generado dudas sobre si su talento y explosividad estaba optimizada en beneficio del equipo. La realidad es que Westbrook es el jugador más difícil de defender en  la NBA. Su potencia física y sus virtudes técnicas son únicas y el paso de tiempo junto con alguna derrota dolorosa no han hecho sino incrementar su deseo y competitividad.

Esta temporada es un punto y aparte en la trayectoria de Westbrook. Más allá de que sus números serán impresionantes (no descarto que logré promediar un triple doble), el jugador de los Thunder se enfrenta al reto de mantener la competitividad de su equipo tras la marcha de Kevin Durant.  Westbrook ha empezado la temporada con el colmillo afilado como si quisiera reivindicar su papel en la Liga y vuelve a alumbrar un debate que nadie se atrevió a plantear pero que no parece descabellado abordar, quizás él era la verdadera estrella de los Thunder.

Con Westbrook empiezan y terminan los Thunder. Sólo Anthony Davis en los Pelicans tiene tanto peso en su equipo como Westbrook que parece rodeado de niños en varios momentos de los partidos. El brillo del “All Star” no debe cegarnos para reconocerle alguna sombra como esa ansiedad que le lleva a tomar malas decisiones en determinados momentos y su egoísmo tomando demasiados tiros sobre el que existe excesiva benevolencia. Me sumo a la reflexión que planteó en twitter el ex jugador de Estudiantes, Pietro Aradori recordando que en Europa se acusa de “chupón” a alguien que toma 10 tiros por partido y en Estados Unidos se asume que Westbrook promedie casi 30 lanzamientos por encuentro. Obviando los datos del ejemplo, coincido en que parecemos atender menos a porcentajes y decisiones de los jugadores que idolatramos que a aquellos que tenemos más cercanos.

Por eso, la medida de la temporada de Westbrook no sólo la tendrán sus números sino como es capaz de “reconstruir” a los Thunder y conceder espacio para que jugadores de talento como Oladipo, Kanter y Sabonis puedan ir creciendo y formar un equipo más sólido. Admiro que Westbrook haya tomado la decisión de renovar con los Thunder, una decisión valiente y comprometida con un liderazgo que no sólo le debe servir para obtener el premio de Mejor Jugador de la Temporada sino para ayudar a crecer a su equipo y consolidarle de manera constante en los Play Offs. Westbrook, con su renovación, ha tomado el camino más fácil hacia el MVP y el más complicado hacia el título, en sus manos y, sobre todo en su cabeza y en la de los dirigentes de los Thunder, está que ambos deseos puedan llegar a cumplirse a la vez.

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