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Llull, Llull, Llull

No siempre he sido de Llull, lo reconozco, pero ahora hay pocos, muy pocos jugadores que me guste tanto ver jugar como el balear. Hay pocas cualidades que admire más que la capacidad para evolucionar durante una trayectoria y, en este sentido, el ejemplo de Llull es admirable.

Desconfiaba de Llull por su errática toma de decisiones, por su incapacidad para jugar a varios ritmos y porque no le veía capaz de ser el base titular de un equipo aspirante a ganar la ACB o la Euroliga. Me parecía un tipo con grandes cualidades físicas pero un tanto desordenado en su juego y con demasiada tendencia a dejarse llevar por impulsos antes de por lo que demandara el partido. Siempre admiré su capacidad competitiva, su entusiasmo y ese atrevimiento de “dejadme a mí, que yo me ocupo”, terriblemente contagioso. Recuerdo que en la etapa Messina/Molin, Llull era la referencia ofensiva del equipo. No me duelen prendas en reconocer que entonces pensé que era imposible que el Real Madrid aspirase a mucho más pretendiendo que un muy  buen jugador fuera la referencia que llevase a los blancos a ser un gran equipo. Varios años después, no me duelen prendas en reconocer mi tremendo error.

Desconozco que lugar en el rincón de la estima de Llull ocupa su entrenador Pablo Laso pero la influencia del técnico vitoriano en la evolución como jugador del internacional español ha sido máxima.  Llull es el jugador que mejor ejemplifica la etapa de Laso como técnico del Real Madrid. Desde el primer día confió en él en la posición de base y ha sido el jugador que más minutos ha disputado en cada temporada. La responsabilidad de dirigir al grupo ha mejorado a Llull en su relación en el juego con los compañeros y cada año añade un registro más a su arsenal.  Su  mejora en la lectura del “pick and roll” es relevante. Ha pasado de jugar esta situación pensando exclusivamente en él a ser capaz de “alimentar” tanto a los jugadores interiores como a los exteriores. Además, empieza a añadir detalles que demuestran que está atento a muchos aspectos del juego que antes le parecían irrelevantes y todo ello sin perder su actividad defensiva.

En resumen, Llull ha dejado de ser un jugador exclusivamente de “pista abierta”  para convertirse en un hombre capaz de aportar en el juego en media pista donde también ha mejorado su efectividad en los tiros cortos.

Sergio Llull  vive un gran momento desde hace varios años por lo que está lejos de ser una moda aunque  su influencia en el Real Madrid es cada vez mayor. En un equipo lleno de talento, nadie tiene el rol de este animal competitivo, capaz de empatizar al máximo con su afición mientras que muestra un lenguaje corporal tremendamente educado con rivales y compañeros. El Real Madrid debe vigilar que la influencia de Llull no se convierta en una excesiva dependencia. Estamos en un momento muy incipiente de la temporada pero ya hay varios partidos que ha sacado adelante por actuaciones soberbias de su base titular más que por mecanismos colectivos consolidados.

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