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Con permiso, Duncan

Lunes, 16 Junio 2014

San Antonio Spurs es el nuevo campeón de la NBA y una página imprescindible para entender la historia de esta enorme competición. El equipo tejano ha arrasado a unos Miami Heat con demasiados jugadores lejos de sus mejores días y sin armas suficientes para inquietar el sistema más indefendible que existe, un grupo de jugadores con un nivel de confianza tremendo en sus posibilidades y, sobre todo, en las de sus compañeros.

La longevidad en la élite de los Spurs sólo puede entenderse desde la maestría de su técnico, Gregg Popovich, capaz de plantear una propuesta de juego que tiene su paradoja principal en que es capaz de mejorar el rendimiento individual de cada jugador integrándolos dentro de un sistema de juego que desnuda principalmente a aquel que no toma la mejor decisión pensando en el colectivo.

Más allá de que la desigualdad de la Final ha sido patente, el mérito de estos Spurs es enorme por varios motivos. Primero de todo,  por la enorme competencia en la conferencia Oeste, con varios equipos de un nivel altísimo; después por la brillantez de su juego y su labor pedagógica en extender el valor del pase extra y del juego sin balón; por último, por las pequeñas historias de superación y éxito que ha propiciado encarnadas en tipos como Mills o Diaw a los que sólo Popovich ha sabido encontrar un lugar en la Liga.

Son numerosos los datos, anécdotas y récords que nos deja la Final. Ese MVP más que merecido para un chaval que no regala sonrisas pero sí mucho sacrificio como Kawhi Leonard, cuyo reto para los siguientes cursos será perpetuar este nivel de confianza con el que ha jugado los últimos tres partidos. También recordaremos los arreones de genio de Manu Ginóbili, la capacidad de pase de Boris Diaw, la madurez de Splitter después de su decepcionante final del año pasado y esas rachas de tiro asombrosas de Patty Mills. Esas imágenes no se borrarán nunca de mi memoria pero nunca superarán el respeto reverencial y admiración por uno de los más grandes jugadores de la historia, Tim Duncan.

Duncan tiene mucho más que ver con el éxito de este equipo de lo que indican sus (buenos) números. Su mentalidad y la manera de afrontar el éxito ha marcado el camino de muchos de sus compañeros que no dudan en señalar su ejemplo como uno de los elementos claves para el buen funcionamiento del grupo. La manera en que Duncan ha vivido esta final es una muestra más de su generosidad y su absoluto desapego a los focos. Su mayor velocidad la ha alcanzado para ofrecer esa mano para el compañero caído al suelo, su mayor gesto de alegría, para ese triple de uno de los suyos y  en todos sus gestos la satisfacción de formar parte de una de las mejores obras de siempre, impensable sin su presencia en tres décadas.

Parker y algo más

Viernes, 20 Septiembre 2013

Probablemente sea Francia el equipo europeo con más potencial para inquietar a España. Hay equipos más talentosos que los galos pero éstos cuentan con una capacidad atlética incomparable y son capaces de llevar el partido a un nivel de dureza incómodo para los nuestros. Cierto, la derrota duele pero también pone en perspectiva y valor la cantidad de veces que nos hemos impuesto a este rival.

Y lo cierto es que la cosa pintaba para “otro día en la oficina” para los nuestros. Poco a poco, aunque desde el principio sin la brillantez del partido contra Serbia, España se imponía a Francia merced a su dominio en los dos conceptos fundamentales de este juego, el pase y el tiro. Lo curioso de este encuentro ha sido que la memoria, tantas veces aliada de los nuestros ha sido un elemento traicionero que ha resultado decisivo para el desenlace del duelo. Curiosamente han pesado más la forma y el fondo de las tres derrotas de España en este Europeo que la innumerable lista de victorias precedentes frente a Francia. Eso, y varias cositas más.

El músculo de Francia se ha impuesto a partir de la segunda parte. Cada ataque español ha tenido un cierto aire de tortura también por nuestro empecinamiento en abusar de los botes y limitar la circulación del balón a pocos espacios.

El tiro. Francia ha superado el 65% en tiro de tres puntos en los últimos 25 minutos de partido. Es verdad que no suelen hacerlo y que el planteamiento de la selección española pasaba un poco por esto pero no debemos olvidar pensar que, siendo un equipazo, no todo lo que pasa en un partido corre de la cuenta de España. Mérito de Francia.

Parker y el plan. El base francés ha hecho lo que se espera de una estrella de su dimensión y ha sido el encargado de llevar a cabo el principal plan ofensivo diseñado por el entrenador francés, esto es, jugar permanentes situaciones de bloqueos directos contra Marc Gasol.  Pero no basta eso contra España y por eso merecen destacarse otros elementos fundamentales en el triunfo francés. El temple de Diot en los tiros libres, el trabajo fundamental de Pietrus y una debilidad personal como Diaw, el mejor pasador y generador de juego de los franceses. Decepcionante, eso sí, el partido de Batum. Despistado, errático y por momentos superado por la tensión.

En el debe de España. Estas cuatro derrotas de España en este Eurobasket (demasiadas) han tenido el denominador común de no saber interpretar correctamente las situaciones en los finales apretados. Contra Francia no ha sido una excepción, Es verdad que muchos de nuestros jugadores han tenido momentos brillantes y que, alguno de ellos han estado excelentes en la faceta defensiva (Rudy y Calde por encima) pero ha faltado claridad y gente que acompañara en su empeño a un Sergio Rodríguez audaz, competitivo, brillante al que le ha sobrado coraje y talento y le ha faltado ver algo más de decisión en las caras de sus compañeros.