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Fernando y el tiempo

Martes, 3 Diciembre 2013

Hace 24 años nos dejó uno de los personajes fundamentales en la historia de nuestro baloncesto. Su muerte me impactó, como a muchísima gente, porque más que un jugador fallecía un héroe y eso ya es más difícil de encajar. Desde entonces, su figura es recordada con admiración porque con él empezó la transición que nos llevó a mirar más allá de nuestras fronteras.

Mientras le recuerdo pienso como el tiempo ha tratado su figura y creo que se valora con enorme justicia el legado que nos dejó Fernando Martín. No caeré en exageraciones tipo, “sin él no hubiera sido lo mismo”, porque los talentazos que le siguieron hubieran triunfado en cualquier contexto, pero es cierto que su aventura en la NBA tuvo un punto de atrevimiento difícil de comparar con cualquier época posterior. Su  escapada americana duró un año pero domina cualquier recuerdo sobre su figura. Es un síntoma de su trascendencia y de como el hecho de ser pionero en algo tiene más peso que una trayectoria llena de éxitos.

Creo que mucha gente se merece conocer al Fernando Martín jugador además del pionero. Mis recuerdos de Martín me llevan irremediablemente al concepto de dominador. El primer jugador que conocí con el que encajaba perfectamente este concepto. Su figura y su personalidad jugando eran arrolladoras y desde esa perspectiva es perfectamente entendible que buscara explorar sus límites. Su constitución física, natural y trabajada en diferentes modalidades deportivas le permitían ocupar mucho espacio, anticiparse a sus rivales y capturar rebotes con suficiencia. Un guerrero, en definitiva, que huía de los gestos tribuneros de la misma manera que se agarraba como un juvenil a cualquier detalle que le obligaba a competir al máximo.

Sus limitaciones técnicas eran tan evidentes como su ánimo por ser mejor cada día. Así, con el tiempo fue capaz de aumentar su repertorio (hasta se atrevía con lanzamientos de media-larga distancia) y nos dejó acciones posteriormente poco repetidas como ese gancho, ¡ay los ganchos¡ en suspensión con su mano derecha.

Me gusta  recordar la figura de Fernando Martín para reivindicar que, a veces, la eterna búsqueda del jugador completo termina por difuminar a buenos proyectos. Queremos jugadores que jueguen en muchas posiciones sin realmente dominar ninguna, queremos grandes atletas aún a costa de que no sepan emplear sus condiciones y queremos especialistas del todo que no destacan en nada. Martín era un pívot, de los de antes, cuando se jugaba con dos, tenía poca variedad en su juego pero era muy efectivo, se preocupó por ser mejor cada día y sabía cómo sacar partido a sus grandes condiciones atléticas. Todo eso era Martín, y también, el primer español que jugó en la NBA.