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El Final de Nash, el principio de Kidd

Mircoles, 20 Noviembre 2013

No es la primera vez que Steve Nash y Jason Kidd ocupan este espacio. En un periodo dominado por bases atléticos, saltarines y virgueros siempre he mantenido el respeto por el juego desplegado por dos de los mejores bases de los últimos tiempos.

Steve Nash se enfrenta cara a cara con la decisión de abandonar el baloncesto profesional en su faceta de jugador. El base de los Lakers hace tiempo que no compite en óptimas condiciones y, aunque nunca ha sido un portento físico, ahora mismo está lejos de ser un jugador competitivo. En verdad, la etapa del base canadiense en la franquicia angelina siempre ha estado dominada por sus problemas físicos, algo que ha limitado la posible influencia de Nash en un equipo bastante indefinido que realmente no parece depender demasiado de su juego. Han sido tantos los problemas de Nash que cualquier debate en torno a su relación con los Lakers queda muy condicionado. Eso sí, estoy tan convencido que su mejor versión y el Pau Gasol de los “anillos” hubieran formado una pareja extraordinaria como de que no es el mejor base posible para un equipo donde juegue Kobe Bryant. Especulaciones, en todo caso, en los días donde Nash parece dudar sobre la conveniencia de seguir jugando, Bryant apura sus días para volver a las canchas, Pau Gasol no acaba de encontrar su mejor condición y Steve Blake, sí Steve Blake, es el jugador más sólido de los Lakers.

Jason Kidd dejó de jugar hace unos meses pero inmediatamente encontró acomodo como entrenador JEFE de los Brooklyn Nets. La decisión ya me pareció llamativa en su momento. No seré yo quien dude de los conocimientos de baloncesto de Kidd, pero sí de que éstos tengan una relación directa y le habiliten para entrenar un equipo de máximo rendimiento sin ninguna experiencia previa a otro nivel o con un cargo de menor responsabilidad. Y sí, hay un aire oportunista en todo esto,  los Nets llevan un balance bastante pobre y su juego no parece aventurar un cambio de tendencia a corto plazo, pero sobre todo,  hay una sensación de cierta ligereza en algunas decisiones que toman las franquicias americanas que no son sometidas a tanto escrutinio como en Europa.

Mientras escribo estas líneas me recuerdan el caso de Zeljko Obradovic que, inmediatamente después de retirarse cogió las riendas del Partizan y logró proclamarse campeón de Europa. El ejemplo es bueno, claro que sí, tanto que dan ganas de borrar el párrafo anterior y no mojarme diciendo que hay que tener paciencia, que los Nets han tenido muchos lesionados y todas esas cosas. Aún así, encuentro matices para no venirme abajo. Obradovic cogió un equipo de jóvenes jugadores con los que asumió el reto de crecer como técnico junto a ellos, además, lo hizo con 31 años por lo que se puede decir que sacrificó años de su carrera como jugador por atender una indudable vocación. En mi opinión, el caso de Kidd es algo diferente, los Nets son un proyecto de total presente, lleno de jugadores con muchas batallas a sus espaldas que no permitirán dudas ni experimentos a su alrededor. El reto de Kidd es mayúsculo, con un punto de atrevimiento que debemos aplaudir, pero parece precipitado, nostálgico y poco oportuno.

La arruga de la NBA

Viernes, 20 Julio 2012

Entre partido y partido de la Selección y atento a las andanzas del resto de equipos que participarán en los Juegos Olímpicos ( con ese atípico equipo estadounidense que puede empezar a marcar una tendencia de hacia dónde se dirige el baloncesto),  leo y escucho los diferentes movimientos que se producen en las plantillas de los equipos de la NBA para la próxima temporada.

Aburrido ya del tema de Dwight Howard, me llama la atención los numerosos movimientos en forma de renovaciones o nuevos contratos que se están produciendo de jugadores veteranos, que han rebasado ya ampliamente la barrera de los 30 años. Nash, Kidd, Allen, Garnett y Jamison han tenido el respaldo de franquicias para seguir sus carreras en algunos casos con contratos de hasta 3 años e incluso jugadores veteranos que jugaban en Europa como Pablo Prigioni han visto como la oportunidad de jugar en la NBA les ha surgido en la etapa final de su carrera.

Entiendo que cada caso debería afrontarse de una manera particular pero las noticias de este verano obligan a una reflexión global que debe valorar la confianza en estos jugadores desde varias perspectivas. Una de ellas nos conduce obligatoriamente a señalar que en Europa somos más duros en la percepción general del jugador veterano, nos cansamos antes de ver las mismas caras y anticipamos juicios de valor sobre presuntos declives en las aportaciones de los jugadores. Es cierto que las nuevas apariciones siempre ilusionan y que debemos atender a los relevos generacionales que garanticen el nivel de nuestro baloncesto pero no por ello debemos caer en la tentación de faltar al respeto a jugadores de trayectoria envidiable y rendimiento sobradamente contrastado. La cultura estadounidense tiende a valorar más a jugadores de este tipo (en algún caso a sobrevalorar por las extraordinarias cifras de algún contrato), curiosamente un mercado que lanza cada temporada nuevas estrellas/marcas muestra una especial sensibilidad por estos jugadores que andan más cerca de los 40 que de los 30.

La otra perspectiva que debemos valorar sobre el hecho de que cada vez se prolongue más la carrera de los jugadores debemos entenderla desde el hecho del descenso de nivel general de determinadas cualidades en los jugadores que han llegado a la NBA en los últimos años. La liga no deja de generar estrellas pero después de los All Star no todo es tan llamativo. No es de extrañar, por ejemplo, que se apueste por bases del perfil de Nash, Prigioni o Kidd (éste incluso despúes de una mala temporada) ya que su capacidad para entender el juego compensa y supera en muchos casos las explosivas piernas de la mayoría de los “bases” de la Liga.

Lección de Dallas

Lunes, 13 Junio 2011

Más allá de la justicia de que un tipo como Dirk Nowitzki tenga un título de la NBA y de que Dallas Mavericks obtenga una recompensa por su fuerte inversión en las últimas temporadas, la Final de 2011 dejará la sensación de que el baloncesto americano admite otras fórmulas exitosas distintas a las que habitualmente emplean todos los equipos. En una competición que hace de la inercia una forma de vida da gusto que se lleve el título un equipo valiente que evita pasar de puntillas por los partidos sino que intenta tomar la iniciativa desde el primer momento.

- Ritmo: Los Mavericks han ganado sus eliminatorias llevando a sus rivales a jugar a una velocidad a la que no están acostumbrados. Su facilidad en el juego de transición y las ventajas que han generado sus jugadores exteriores han sido definitivas. Cualquier jugador de Dallas se ha sentido como una amenaza para Miami y eso dice mucho de la confianza con la que ha llegado el equipo a la Final. Otro día hablaremos de cómo Miami condena a los mejores atletas de este juego a competir permanentemente en un juego de media cancha.

- Entrenador Carlisle. La imagen del entrenador de los Dallas Mavericks, Rick Carlisle sirve para reivindicar la figura del técnico de la NBA en todo el mundo. Por una vez, las rotaciones no se han establecido en el hotel y las defensas zonales han dejado de ser meras concesiones del reglamento. Carlisle ha encontrado en cada momento la manera de castigar a los Heat en ambos lados del campo y ha exprimido al máximo todos los recursos de los que dispone. Todos los jugadores han tenido su momento y todos han respondido, ha sido el triunfo del Colectivo y también de un entrenador que ha sabido utilizar brillantemente  a todas sus piezas.

- Los pequeños. Nowitzki es un merecidísmo MVP pero los pequeños de Dallas han decidido la final. Barea, Terry y Kidd han sido un permanente dolor de cabeza para Miami. Barea nunca había jugado tan bien como en estas finales, se ha atrevido con todo y contra todos y nada hay más peligroso que un jugador con confianza. Terry tiene la habilidad de elevarse en los momentos complicados de los partidos y su fiabilidad en el lanzamiento lejano ha condicionado totalmente la disposición defensiva de sus rivales. Por último, Jason Kidd, lejos de sus mejores momentos pero tremendamente útil por su experiencia, su capacidad para poner el balón en las manos adecuadas y por su enorme disposición defensiva.

- Señor Nowitzki: El jugador alemán ya se ha ganado un hueco en la historia de la competición. Alejado del histrionismo habitual de otras “estrellas” de la Liga, Nowitzki ha compendiado en seis partidos todas sus habilidades. Ha tenido la paciencia de dejar que el juego le llegara a él, dejando espacio para otros compañeros que estaban castigando a Miami, ha sabido cuándo y cómo aparecer y, por encima de todo, ha dejado la sensación de que la inteligencia y la capacidad técnica siguen siendo argumentos válidos para poder competir contra toda la colección de atletas que nos invaden. Grande.