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Manu y Ray

Viernes, 6 Junio 2014

El primer partido de la Final de la NBA entre San Antonio Spurs y Miami Heat no ha estado nada pero que nada mal. Los dos equipos han demostrado por qué son los mejores de la competición. Cada uno en su estilo, los Heat han controlado durante muchos minutos el encuentro gracias a la versatilidad de la mayoría de sus jugadores y las posibilidades tácticas que este hecho les ofrece tanto en ataque como en defensa. Los Spurs querían jugar con más ritmo pero se han mostrado erráticos en el pase y han echado en falta la aportación de dos de sus jugadores-termómetro, Green y Leonard, hasta el último cuarto, donde han resultado decisivos.

El partido se recordará por el tremendo calor, los calambres de Lebron y, quién sabe si por el primer paso en el camino hacia el título de los Spurs, pero también, por lo menos en mi caso, por la nueva demostración de talento de dos jugadores que, en el invierno de su carrera, reivindican la calidad técnica y el conocimiento del juego como armas poderosas para prolongar su exitosa trayectoria.

A estas alturas de su carrera, Manu Ginóbili no necesita mucha ayuda para reconocer aquellos aspectos del juego dónde su equipo supera al contrario. Su influencia en esta primera victoria de su equipo va más allá de los números. Su primera aparición liberó a sus compañeros del cierto respeto con el que habían encarado el partido. El argentino adivinó que en ese momento sus compañeros necesitaban una referencia que atacara el aro sin miedo y castigara la benevolencia de los Heat concediendo lanzamientos exteriores. Sin embargo, lo mejor de Ginóbili llegaría al final del encuentro en su interpretación del juego por parejas con sus compañeros Splitter y Duncan. Una vez tras otra, el internacional argentino alimentó las continuaciones de sus pívots castigando con canastas fáciles la defensa de Miami que no cuenta con jugadores con suficiente envergadura para defender a los jugadores interiores del equipo tejano.

Ginóbili enseñó el camino y el juego colectivo de los Spurs hizo el resto. Cuando los Heat quisieron restañar el agujero cerrándose sobre las continuaciones de Duncan, aparecieron los espacios para permitir tiros cómodos, muy cómodos para Green, Leonard y Parker. Nadie domina el arte del “pase de más” como estos Spurs.

La derrota de Miami deslucirá la aportación de Ray Allen. Probablemente estamos ante los últimos partidos de uno de los jugadores que más gusto da ver jugar en una pista de baloncesto. De los jugadores actuales, sólo Stephen Curry provoca sensaciones parecidas. El indudable magnetismo que ofrece la plasticidad en el juego de Allen no debe engañarnos ante el tipo de jugador que es, nadie alcanza ese nivel sólo por ser elegante sino por tener una capacidad competitiva tremenda. Los Spurs conocen de primera mano como se las gasta Allen en partidos de este tipo y por eso sorprende la escasa atención con la que han recibido su presencia en cancha, un error que deberán corregir porque las piernas de Allen rejuvenecen a medida que el partido tiene más trascendencia.

El gesto

Mircoles, 31 Octubre 2012

Ese gesto o no gesto de Kevin Garnett hacia Ray Allen cuando éste se acercó a saludar a sus compañeros en el partido que ha inaugurado la temporada 2012-2013 tiene una carga simbólica que explica muy bien qué representan los personajes de los que estamos hablando. Garnett no ganará el Nobel de la Paz, ni siquiera el Príncipe de Asturias y no ejemplifica muchos de los valores que deben coronar a un deportista pero esa mentalidad sin grises de “conmigo o contra mí” tiene mucho que ver en su excelente nivel competitivo a estas alturas de su carrera.

Garnett “desprecia” a Allen más por fichar por Miami Heat que por abandonar los Celtics porque no hay rivalidad más grande ahora en la NBA que entre los Celtics y los Heat, una vez que la lesión de Derrick Rose en los Bulls les ha despejado enormemente el camino en el Este.  El partido inaugural se quedará en anecdota ante lo que nos espera por vivir entre estos dos equipos. A día de hoy los Heat parecen por encima de cualquier equipo de la competición, Lebron James está empeñado en acentuar su rol de jugador total, Wade parece muy recuperado de su operación de rodilla, Bosh proporciona equilibrio entre el juego interior y exterior, Battier no quita tiros a nadie y defiende por todos y luego está el señor Ray Allen que ha encajado en un equipo en el que se beneficiará de la capacidad de atención que generan sus compañeros.

Pero el brillo de Miami no debe dejar a un lado la admiración que debe provocar Boston Celtics. Un grupo empeñado en estar a la altura de su leyenda, alimentado por la voracidad competitiva de Pierce y Garnett y dirigidos por el cada vez más tremendo Rajon Rondo. La excitación (por no llamarlo odio) que despiertan los Heat en los Celtics es el principal estímulo que mueve la ambición del único obstáculo real que puede evitar que Miami Heat dispute su tercera final consecutiva. Boston Celtics es un equipo admirable.

¿Y los Lakers, qué?.  El equipo necesita tiempo, Nash y Howard son jugadores con demasiado impacto en el juego para esperar un óptimo rendimiento desde el inicio. Como suele suceder en estos casos, el entrenador Mike Brown empieza a estar más que señalado. Sin duda, tiene mucho trabajo por delante y es cierto que hasta ahora no ha dado con la manera de conseguir victorias. En la primera derrota contra Dallas ha dado la sensación de que aún es un equipo sin un plan muy definido en ataque,  ha recibido demasiadas canastas fáciles  y sobre todo ha metido 12 de 31 tiros libres, culpa de Mike Brown, sin duda….

NBA en estado puro

Viernes, 18 Junio 2010

Pensaba esta noche cuando acababa la Final de la NBA que el Séptimo partido entre Lakers y Celtics representa fielmente lo que es la situación de la Liga Norteamerica actualmente con todas sus grandezas y miserias a cuestas. Un partido de una calidad bajísima marcado por los nervios y malas lecturas de juego de la mayoría de los jugadores de ambos equipos y de una dureza defensiva extraordinaria, jugado con una pasión extrema que compensaba la permanente visión de malos pases y lanzamientos. El último minuto y medio del partido permanecerá por mucho tiempo en la memoria de los amantes de la NBA.

Los Angeles Lakers

- Orgullo. Si los de Phil Jackson igualan en corazón a Boston, tienen mayor calidad para llevarse el triunfo. La aplicación defensiva de los Lakers en los últimos 15 minutos de partido ha sido la mejor exhibición colectiva en defensa en mucho tiempo.

- Secundarios. Fisher, Artest y Odom han sido decisivos en el partido final. Tres jugadores veteranos, desconcertantes, irregulares pero con un gen competitivo especial que ha resultado decisivo.

- Bryant. Preso de su ansiedad, ha compensado su desacierto con una actividad impagable que le ha permitido ayudar en otras facetas del juego. Durante la Serie Final ha tenido momentos grandiosos pero da la sensación de que no termina de convencerse de que un punto de altruismo en su juego le haría escalar posiciones en el Olimpo del baloncesto.

- Gasol. El partido del jugador español ha sido emocionante. Extraordinario en el rebote, también ha sucumbido a la ansiedad pero ha sabido dominar sus nervios en los momentos más decisivos del partido. No hay sensación más grande que la de saberse y sentirse respetado. El crédito de Gasol crece y crece en la liga norteamericana. Mientras esté en los Lakers, estos seguirán siendo candidatos a todo.

- El futuro. Mientras esperan la decisión de Phil Jackson sobre su continuidad, los Lakers pueden vislumbrar el futuro con mucho optimismo. Bryant y Gasol están en un gran momento y Bynum debe mejorar año tras año. Aún así, deberían moverse en encontrar algún jugador fiable que de mayor consistencia a su banquillo. El año que viene serán de nuevo los máximos favoritos.

Boston Celtics

- Extraordinarios. La derrota de los Celtics es tremendamente conmovedora. El equipo ha llegado justísimo de fuerzas pero con el orgullo intacto al último partido. Han tenido el partido dominado gracias a su solidaridad en ambos lados del campo pero no han tenido piernas para defender el último arreón de los Lakers.

- Doc Rivers. El entrenador del equipo perdedor sale muy reforzado de estas finales. Ha mostrado recursos infinitos en la preparación de jugadas puntuales,  capacidad de improvisación y una sensacional preparación de los partidos.

- Rondo. Ha sido el factor decisivo para que los Celtics llegasen a la final y un auténtico dolor de cabeza para los Lakers. Poderosos físicamente, se ha destapado como un gran competidor. Va camino de ser un jugador legendario

- El futuro. Una incógnita. El rendimiento en las Finales de los Pierce, Garnett y compañía hace pensar que aún les queda un aliento de baloncesto del máximo nivel, pero la conferencia Este se antoja durísima la próxima campaña. Quizás es el momento de romper el “Big Three” y rejuvenecer el equipo. Se han movido muy bien en verano los últimos años y eso nos hace pensar que no debemos descartar una reedición de esta final la próxima campaña.

P.D. Si fuera de  los Celtics no estaría pero que nada contento con el arbitraje de este séptimo partido.