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El final del Perro Grande

Viernes, 12 Septiembre 2008

Shaquille O´Neal ha anunciado su retirada para el final de la temporada 2010. Entonces contará con 38 años y pasará a la historia como uno de los mejores pívots de la NBA.

Confieso que más de una vez he utilizado una de sus más famosas aseveraciones en sus famosas guerras dialécticas con Kobe Bryant.  Aquella frase de “si el perro grande no come, el perro grande no muerde” ha sido una de mis coletillas en los distintos equipos de formación en unos tiempos donde el baloncesto se mueve en una etapa poco agraciada para los jugadores interiores.

El gigante pívot de los Suns siempre ha demostrado mucho más ingenio fuera que dentro de la cancha, pero su descomunal fortaleza y habilidad para mover su mastodóntico cuerpo le bastó para dominar la liga en sus años de plenitud. En los últimos años O´Neal ha sufrido el lógico desgaste de un cuerpo enormemente castigado con más de 1.000 partidos a sus espaldas pero siempre he tenido la sensación de que ha sido infrautilizado tanto en su última etapa en los Miami Heat como en Phoenix Suns.

A veces me cuestiono por qué Shaquille O´Neal ocupa un lugar tan preferente en mi Olimpo baloncestístico. Técnicamente es un jugador limitado, con enormes problemas para finalizar con su mano izquierda, carente de un movimiento representativo que le igualara con otras leyendas y  sólo el paso de los años y su convivencia con Phil Jackson hicieron que mejorara su capacidad para entender el juego y, en especial su habilidad para asistir a sus compañeros. Además, ha tenido el dudoso honor de poner a prueba a todos los supuestos especialistas en mejorar su eficacia en los tiros libres, algo que nadie ha conseguido y que hacen de él probablemente uno de los cinco peores tiradores del mundo.

A pesar de todas estas carencias nunca he visto un jugador tan absolutamente imparable como la mejor versión de “Shaq”.  Sus limitaciones técnicas no escondían una gran habilidad para sacar partido de sus condiciones físicas, a las que fue dotando de pequeños trucos con el paso de los años. Si el exuberante O´Neal de sus primeros años en la Liga se dedicaba a romper tableros y mover más de 150 kilos con una soltura asombrosa, el Shaquille de los Lakers se volvió más selectivo a la hora de utilizar su poderío, pero dotó a su juego de nuevas habilidades que le hicieron el mejor jugador de ese momento.

Como buen admirador de Shaquille O´Neal siempre he sido esquivo a admitir su declive y, aunque es evidente que un jugador tan dependiente de su físico es muy vulnerable al paso del tiempo, estoy convencido que, bien dosificado, aún puede ser un jugador importante en la NBA y, por qué no,  añadir un nuevo título a su ya excelso palmarés. Al Perro Grande aún le queda algún mordisco.