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Llegan las ligas de verano de la NBA

Martes, 8 Julio 2008

Apenas hace un mes que la temporada de la NBA ha terminado y la maquinaria de promoción del baloncesto americano no se detiene. Mientras muchas de sus grandes estrellas se preparan para intentar recuperar la medalla de Oro de los Juegos Olímpicos, han dado comienzo las tradicionales ligas de verano.

El año pasado tuve la fortuna de acudir a dos de las sedes de estas ligas, Orlando y Las Vegas. La experiencia fue gratificante por la gran cantidad de jugadores que puedes presenciar que te permiten un mayor conocimiento del mercado ya que muchos de ellos son jugadores recién salidos de la Universidad, jugadores de la NBDL (La liga de Desarrollo americana) o americanos que han jugado en Europa que quieren aprovechar el escaparate de estos partidos para intentar convencer a las franquicias de la NBA que pueden jugar en esa competición.
De entre todas las sedes de esta Liga de Verano la que goza de mayor prestigio y difusión es la de Las Vegas por la gran cantidad de equipos que participan, sin embargo particularmente guardo mejor recuerdo de la de Orlando, donde los partidos se disputan en un gimnasio con capacidad para apenas 200 personas, lo que da a los encuentros un aire de entrenamiento privado. Muchos de los hábitos de la NBA se mantienen en los enfrentamientos, evidentemente está menos dramatizado el hecho de ganar o perder pero los entrenadores exigen enormemente a sus jugadores, aún sabiendo que el 90% de ellos no formará parte de sus franquicias. Este hecho afecta sin duda a la manera de jugar de los equipos que generan situaciones para aquellos jugadores que más les interesa cuidar o evaluar, generalmente sus elecciones de draft. Es por eso que muchas veces jugadores que los representantes europeos tenemos anotados como interesantes para observar no tengan la participación necesaria para que podamos conocerles en profundidad o que cuando jueguen apenas tengan un rol importante en los distintos equipos.

Las Vegas es otra cosa, se juegan ocho partidos al día, 50 grados en la calle y menos de 20 en el pabellón (alguien debería hablar con estos americanos sobre el ahorro energético). Los equipos quieren enseñar a sus jóvenes novatos y sus jugadores invitados cuál es la manera de jugar del grupo, los Lakers machacan y machacan el triángulo ofensivo, Detroit explota las diversas opciones del juego de corte de aleros y San Antonio muestra sus conceptos defensivos muy europeizados. Todos los jugadores intentan exhibirse y mostrar sus habilidades pero los entrenadores tienen bastante claro para quién son esos partidos entre otras cosas porque no quieren que nadie cuestione sus elecciones en el draft y hacen todo lo posible para que se luzcan sus novatos sobre todo de primera ronda.
Es raro ver un ataque con más de tres pases, pocos jugadores interiores con capacidad técnica para jugar de espaldas al aro y cada vez menos presencia de lanzadores puros, salvo algún blanquito de alguna Universidad del Este, algún canadiense o algún europeo como el italiano Marco Belinelli que el año pasado se destapó con más de 30 puntos en algún partido de la Liga de Verano de Las Vegas. Seguro que entonces se las prometía muy felices, y no pensaba que se iba a pasar más de 60 partidos sin jugar ni un solo minuto.

El reto de Sergio Rodríguez

Viernes, 27 Junio 2008

Tuve la fortuna de coincidir con Sergio Rodríguez cuando él decidió integrarse en las categorías inferiores de Estudiantes. Guardo muy buenos recuerdos de los momentos compartidos con el jugador canario ya que es gratificante encontrarse con jugadores que tienen en el talento su mejor cualidad para expresarse en el campo. En esos momentos ya se le vaticinaban las mejores condiciones para hacerse un hueco en el baloncesto profesional. Sus comienzos en el primer equipo confirmaron todas las expectativas y reafirmaron la necesidad de progreso en la capacidad de dirección del grupo y en el trabajo defensivo.  Después de dos años en la ACB, decidió dar el salto a la NBA a una franquicia que había demostrado bastante interés en él.

El balance de estos dos años no puede calificarse de satisfactorio. Sergio no ha tenido la oportunidad de demostrar sus condiciones y no hay muchos motivos para pensar que su situación mejore si continua en Pórtland. Ni siquiera podemos evaluar verdaderamente cual ha sido su evolución en estos dos años. En el Europeo del año pasado vimos a un Sergio Rodríguez muy distinto a aquel que resultó decisivo en la semifinal del Mundial de Japón contra Argentina. Para todos los que le conocemos nos resultó evidente que no disfrutaba sobre la pista absolutamente desbordado por la tremendamente difícil misión de rendir bien en poco tiempo. Además, daba la sensación de que el tinerfeño jugaba intentando justificar su decisión de haberse marchado a la NBA.

No voy a sumarme al ventajista carro de los que ahora critican esa decisión, es más, afirmaré que siempre pensé que el juego de Sergio podía encajar más en la filosofía del baloncesto americano que en la del Europeo. De la misma manera siempre hay que alabar a aquellos valientes que no dudan ni un momento a la hora de perseguir sus sueños, tarde o temprano encuentran su recompensa.

No obstante, conviene recordar que la línea entre la valentía y la irresponsabilidad es muy fina y se rebasaría si Sergio no consigue salir de Pórtland y encontrar acomodo en un sitio donde verdaderamente se crea en él, un jugador de su edad no puede permitirse un tercer año sin las sensaciones de competir porque irían irremediablemente en contra de su progresión. Perderse unos Juegos Olímpicos debería ser un gran estimulo para evitar resignarse a su situación actual porque los últimos movimientos de Pórtland (con traspasos en la noche del draft para hacerse con otro rookie de primera ronda en el puesto de base) no dan a entender la tan prometida confianza en el jugador español.