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Lecciones de un título

Mircoles, 17 Junio 2015

Ha merecido la pena trasnochar (o madrugar según el día) para presenciar los seis partidos de las Finales de la NBA. No es que piense que el juego haya sido brillante, ni siquiera lo calificaría de bueno, pero la serie entre los Golden State Warriors y los Cleveland Cavaliers ha tenido  matices destacados, guiños de talento, exhibiciones individuales y dos entrenadores que contaban con un patrón muy definido de partida. Kerr tenía que gestionar un grupo más amplio, con más recursos y talento mientras que Blatt debía intentar competir con el mejor equipo de la Liga fiándolo todo al jugador más completo del mundo rodeado de varios secundarios.

Destaco este hecho porque este análisis ha determinado la eliminatoria y el comportamiento de técnicos y jugadores hasta tal punto que en determinados momentos los dos equipos se han sentido presos de lo que se suponía que cabía esperar de ellos. En el instante en que los Warriors se liberaron de su papel de favoritos y empezaron a pensar como aspirantes se acercaron al título. Los tres primeros partidos, el planteamiento de Golden State se basó en tratar de imponer su calidad y su banquillo sin atender demasiado a lo que pudiera oponer Cleveland. Probablemente, porque la oposición de los Cavs estaba muy clara, Lebron James. Sin embargo, el trabajo defensivo y en rebote de los de David Blatt llevaba la Final al único terreno donde los Cavaliers tenían opciones, ritmo lento y porcentajes bajos.

La decisión de Kerr de apostar por Iguodala de titular en detrimento de Bogut obligó a David Blatt a reaccionar y a limitar los momentos de convivencia de Mozgov y Thompson. Los dos jugadores interiores limitaban el espacio en ataque de los Cavaliers pero eran las ayudas más sólidas con las que estaba contando Lebron James. Podía parecer claro que el envite de Kerr debía responderse como hizo Blatt (jugando también con pequeños) pero no tengo tan claro que fuera una decisión acertada porque, en ataque, acentuó la soledad de Lebron James y en defensa el equipo permitió muchas canastas fáciles y rebotes del rival que, hasta ese momento, no había concedido. Los Warriors han sabido adaptarse a lo que proponía la serie y aprovechar aquellos recursos con los que contaban de partida y los que han añadido con el paso de los minutos. Los Cavaliers no han encontrado mucha ayuda para James al que le han fallado fundamentalmente los tiradores que podían beneficiarse de la atención que genera.

El cuarto partido cambió el rumbo de la serie. Desde ahí, con el ánimo reforzado, los Warriors se acercaron al nivel de su excelente temporada. Curry ha tenido el don de  la genialidad y de la oportunidad y ha añadido cierta contención a la hora de seleccionar sus tiros en los últimos partidos. Iguodala es un justo MVP porque ha resultado el factor diferencial. Su actuación reivindica el papel de los secundarios y el de su técnico, que ha tenido la habilidad para interpretar todo lo que podía aportar contra este rival. Decía antes que el rol previo con el que partieron  ambos equipos les condicionó en exceso. En especial, diría que a los Cavaliers les ha sobrado cierta resignación. Es cierto que contaban con una plantilla inferior y que han sido un rival más que digno pero les ha faltado algo de atrevimiento para intentar algo más, no en vano, no tenían mucho que perder, era casi unánime el papel de favorito de los Warriors. Estoy convencido que el David Blatt “europeo” hubiera arriesgado más y tratado de buscar más las cosquillas al rival.

Lebron James ha realizado un esfuerzo extraordinario que le asienta como el jugador más dominante de la competición. Pero ni siquiera el mejor jugador puede compensar la excelencia que se alcanza cuando un equipo comparte el balón e implica a muchos tipos como han realizado los campeones en determinados momentos. La guardia pretoriana de James no ha sido sólida. Dellavedova impactó en los primeros partidos pero no deja de ser un buen tercer base en la NBA, Thompson ha estado bien en rebote y defensa pero no es capaz de generar anotación por sí mismo, Mozgov sí que ha mejorado cualquier previsión que se podía hacer sobre él, mientras que J.R. Smith y Shumpert han decepcionado, pero no se podía esperar mucho más de ellos, no en vano, en los Knicks, uno de los peores equipos de la Liga tenían un rol menos importante del que les ha tocado desempeñar en esta final.

¿Y si fueran los Knicks?

Mircoles, 10 Abril 2013

Campeones de División varios años después, inmersos en la mejor racha de victorias de la Liga y  transmitiendo buenísimas sensaciones en su juego ofensivo, los New York Knicks obligan a preguntarse ¿Por qué no?. A priori la respuesta es sencilla y tiene nombre de ciudad del estado de Florida pero hay muchos detalles en estos Knicks que hacen pensar que pueden ser un equipo enormemente peligroso en los play offs.

El tiro. Estamos ante el equipo de la competición con mayor número de jugadores capaces de anotar desde larga distancia. Dado que el nivel defensivo de los equipos NBA tiende a subir en varios puntos en los Play Offs, contar con muchos tiradores es una gran alternativa si tenemos en cuenta las pocas “bandejas” que se conceden especialmente en los últimos cuartos. Generalmente, los equipos de este perfil tienden a pervertir sus virtudes exagerando su uso. Por eso es muy importante que Chandler y Stoudemire (cuando se recuperen) estén bien alimentados para que puedan finalizar cerca del aro y que incluso Carmelo Anthony también trabaje en situaciones cercanas. Con un buen equilibrio y una buena mentalidad colectiva para pasar al compañero mejor situado es fácil que los Knicks superen los 15 triples anotados por noche y eso es mucho decir.

Los Knicks y el juego.  Hay muchas cosas que me gustan del manejo que realiza el entrenador Mike Woodson de su plantilla, algunas de ellas se suman a una cierta tendencia que se va imponiendo en el juego y en la que creo bastante. Woodson no cataloga exclusivamente a sus jugadores por su presumible mejor puesto de juego sino por sus prestaciones de tal manera que sus rotaciones se enriquecen porque no encuentra límites a la hora de “mezclar” jugadores en la pista. Esto posibilita que coincidan muchas veces dos supuestos bases como Prigioni o Felton (a veces Kidd), que Anthony y Novak sean por momentos los pívots del equipo (cierto que en el juego interior hay muchas bajas) o que tenga hueco en el equipo un jugador versátil como Copeland. Me gusta esta mirada al baloncesto sin tanta rigidez y la echo de menos en otros equipos que sacrifican tener a los mejores jugadores a la vez en pista por tener una estructura más académica (pienso en los Thunder por ejemplo).

El límite. La presencia del mejor equipo de la Liga, los Heat, en la misma Conferencia señala el presumible límite de los Knicks en esa frontera. Aunque sea mucho aventurarnos, ese hipotético enfrentamiento tiene algunos aspectos que le hacen más igualado de lo que parece. Los Knicks han competido muy bien frente a los James, Wade y compañía en los partidos de Liga Regular, saben adaptarse a la estructura ofensiva de Miami y además castigarles en el rebote, el eslabón débil de los actuales campeones. Los aspectos diferenciales a día de hoy son la defensa, donde los Knicks a veces no son lo suficientemente sólidos porque quizás en algunos puestos no pueden igualar la capacidad atlética de otros equipos y la sombra de la irregularidad que acompaña a algunos de sus jugadores como J.R Smith o Raymond Felton sobre los que pesa, quizás injustificadamente, cierto aire de sospechosos. Miami se ha ganado el cartel de súper favorito pero apetece y mucho esta presumible final de conferencia.