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Del “86″ al “14″

Jueves, 28 Agosto 2014

En un par de días comenzará el esperado Mundial de Baloncesto en España. Es inevitable mencionar que hace 28 años nuestro país acogió otro campeonato del Mundo. De ese evento mi memoria aloja momentos de un Estados Unidos campeón, liderados por el dominante David Robinson y  el diminuto Tyrone Bogues; también es el Mundial de los “pasos” de un adolescente Divac que privaron a la entonces Yugoslavia de jugar la final. Recuerdo, como no,  el impacto que me causó Sabonis y también esas máquinas de anotar que eran Petrovic, Óscar y Gallis y, por último, la desilusión que tuve porque uno de mis jugadores favoritos de entonces, Vicente Gil, no acudiera a la cita con España.

Muchos de los nombres que dominaron aquel Mundial de 1986 eran jugadores interiores. Entonces la diferencia entre los equipazos (Yugoslavia, URSS y Estados Unidos) y los buenos equipos (España, Brasil, Grecia, etc) estaba determinada por el tamaño y la calidad de los pívots. Mucho ha cambiado la situación desde entonces, la figura de los jugadores interiores no ha sido tan valorada en el juego como en los salarios  y España ya no es aquel aspirante que necesitaba una machada para codearse con los mejores sino la referencia del baloncesto continental y probablemente, el único equipo capaz de asaltar la hegemonía estadounidense.

A diferencia de entonces donde Fernando Martín batallaba contra pívots mucho más altos, los hermanos Gasol se preguntan qué pareja de pívots podrán limitarles. Se lo preguntan ellos e incluso Estados Unidos que ha cambiado la filosofía de sus últimas convocatorias presentando una amplia nómina de jugadores interiores que más que una verdadera apuesta se puede interpretar como un tiro al aire buscando la calidad a partir de la cantidad. Aquella selección de Díaz Miguel contaba con algunos de los mejores tiradores de la historia de nuestro baloncesto como Epi, Sibilio y Margall pero le faltaban recursos físicos de la misma manera que le sobraba coraje y espíritu competitivo. Quién sabe si dentro de unos años, cuando los hermanos Gasol den un paso a un lado, no volvamos a encontrarnos una estructura de selección parecida a la de 1986. Entonces, probablemente, se dejará ver alguna costura más de las que se adivinan en España en estos momentos, como la falta de especialistas en el lanzamiento exterior.

La brillantez de la generación actual española no se pondrá a prueba en este campeonato del Mundo pero es cierto que esta cita viene marcada desde hace mucho tiempo como el epílogo soñado para un núcleo de jugadores probablemente irrepetibles. La sensación de agradecimiento y orgullo de estos chicos no debe cuestionarse nunca pero tampoco deben influir en el debate que ocupa el momento actual. España tiene capacidad para jugar un gran baloncesto aunque quizás sólo necesite rendir al máximo nivel para ganar a un rival. Esa es la privilegiada situación de partida de una selección que cuenta con la madurez suficiente para manejar su condición de anfitriona y favorita y que tendrá en la distribución  y aceptación de los diferentes roles su mayor reto durante este largo campeonato.