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España y el cántaro

Lunes, 8 Agosto 2016

Muchos componentes del equipo español se habían encargado de anunciar que el equipo llegaba corto de forma a la cita olímpica. Las dificultades en las semanas previas en forma de lesiones y ausencias puntuales de jugadores y, sobre todo, el hecho de no contar con Gasol hasta las dos últimas semanas habían determinado la preparación para la cita olímpica.

Una de las virtudes del ciclo Scariolo ha sido evolucionar al equipo durante las competiciones identificando aspectos de mejora cuando aún había tiempo y margen para optar a todos los objetivos. En Brasil, la capacidad de lectura del técnico italiano y sus ayudantes volverán a afrontar otro reto después de la primera derrota ante Croacia.

Más allá de la sorpresa del resultado, me ha llamado la atención que España haya dejado escapar el encuentro después de dominar con autoridad durante la mayor parte del mismo. La táctica croata de flotar descaradamente a Ricky Rubio y dedicar a su hombre a ayudar permanentemente en situaciones interiores afectó mentalmente al base de los Wolves pero no tuvo grandes efectos prácticos porque España jugó buenas situaciones de pase dentro-fuera y porque aceleró la puesta en escena de un Sergio Rodríguez que tuvo momentos brillantísimos. A los mandos del “Chacho” y con Gasol y Mirotic muy acertados, España parecía que no tendría problemas para llevarse el partido porque su actividad defensiva bastaba para que los croatas, muy dependientes de Bogdanovic, no parecieran inquietar demasiado.

Si España no sentenció el encuentro se debió a que muchos jugadores no acabaron de engancharse al partido. Rudy Fernández aportó mucho en defensa pero se mostró bastante dubitativo y poco participativo en ataque, Claver no encontró su sitio (creo que jugando de cuatro aportaría más)  y Navarro y Rubio tampoco encontraron el aro en ningún momento. Veremos si Scariolo revisa una rotación muy anunciada desde la preparación y da más espacio a Abrines y Calderón, inéditos contra Croacia.

No hay que desmerecer a Croacia, un equipo justo de talento pero con más corazón que otros grupos recientes y bien dirigidos por Petrovic. Además de “despreciar” a Rubio supo jugar situaciones contra elementos débiles de nuestra defensa e insistió a sus jugadores en la importancia del rebote en ataque para evitar que España jugara situaciones rápidas. Las mayores costuras de nuestra selección actualmente se ven en el juego en media pista. Si España no juega en transición es más previsible porque muchos jugadores (Llull, Rudy, Ricky) encuentran más problemas para aportar. Asumiendo que en ataque los ajustes irán llegando poco a poco, España debe engancharse a su trabajo defensivo para ir consiguiendo victorias. En este aspecto será básico que Gasol deje a un lado cierta pasividad y que, como se logró durante muchos minutos contra los croatas, los jugadores exteriores limiten la circulación fluida del balón. La mejora en ataque vendrá desde el trabajo en defensa y rebote.

El próximo partido contra Brasil será otro reto complicado, los brasileños perdieron con Lituania pero su segunda parte les reforzará para próximos eventos. En esos 20 minutos avisaron de lo que nos espera, dureza defensiva al límite, agresividad en el rebote de ataque y cierta anarquía ofensiva que es el terreno donde mejor se desenvuelven varios de sus jugadores. España tiene argumentos de sobra para enfrentar las virtudes de Brasil pero necesita ser más constante en su intensidad defensiva y encontrar recursos ofensivos para los minutos en los que Gasol no esté en pista.

Del “86″ al “14″

Jueves, 28 Agosto 2014

En un par de días comenzará el esperado Mundial de Baloncesto en España. Es inevitable mencionar que hace 28 años nuestro país acogió otro campeonato del Mundo. De ese evento mi memoria aloja momentos de un Estados Unidos campeón, liderados por el dominante David Robinson y  el diminuto Tyrone Bogues; también es el Mundial de los “pasos” de un adolescente Divac que privaron a la entonces Yugoslavia de jugar la final. Recuerdo, como no,  el impacto que me causó Sabonis y también esas máquinas de anotar que eran Petrovic, Óscar y Gallis y, por último, la desilusión que tuve porque uno de mis jugadores favoritos de entonces, Vicente Gil, no acudiera a la cita con España.

Muchos de los nombres que dominaron aquel Mundial de 1986 eran jugadores interiores. Entonces la diferencia entre los equipazos (Yugoslavia, URSS y Estados Unidos) y los buenos equipos (España, Brasil, Grecia, etc) estaba determinada por el tamaño y la calidad de los pívots. Mucho ha cambiado la situación desde entonces, la figura de los jugadores interiores no ha sido tan valorada en el juego como en los salarios  y España ya no es aquel aspirante que necesitaba una machada para codearse con los mejores sino la referencia del baloncesto continental y probablemente, el único equipo capaz de asaltar la hegemonía estadounidense.

A diferencia de entonces donde Fernando Martín batallaba contra pívots mucho más altos, los hermanos Gasol se preguntan qué pareja de pívots podrán limitarles. Se lo preguntan ellos e incluso Estados Unidos que ha cambiado la filosofía de sus últimas convocatorias presentando una amplia nómina de jugadores interiores que más que una verdadera apuesta se puede interpretar como un tiro al aire buscando la calidad a partir de la cantidad. Aquella selección de Díaz Miguel contaba con algunos de los mejores tiradores de la historia de nuestro baloncesto como Epi, Sibilio y Margall pero le faltaban recursos físicos de la misma manera que le sobraba coraje y espíritu competitivo. Quién sabe si dentro de unos años, cuando los hermanos Gasol den un paso a un lado, no volvamos a encontrarnos una estructura de selección parecida a la de 1986. Entonces, probablemente, se dejará ver alguna costura más de las que se adivinan en España en estos momentos, como la falta de especialistas en el lanzamiento exterior.

La brillantez de la generación actual española no se pondrá a prueba en este campeonato del Mundo pero es cierto que esta cita viene marcada desde hace mucho tiempo como el epílogo soñado para un núcleo de jugadores probablemente irrepetibles. La sensación de agradecimiento y orgullo de estos chicos no debe cuestionarse nunca pero tampoco deben influir en el debate que ocupa el momento actual. España tiene capacidad para jugar un gran baloncesto aunque quizás sólo necesite rendir al máximo nivel para ganar a un rival. Esa es la privilegiada situación de partida de una selección que cuenta con la madurez suficiente para manejar su condición de anfitriona y favorita y que tendrá en la distribución  y aceptación de los diferentes roles su mayor reto durante este largo campeonato.

Nowitzki y la historia

Martes, 24 Mayo 2011

Dir Nowitzki, ya había ganas de escribir sobre él, y que mejor momento que éste donde sus Dallas Mavericks están a punto de alcanzar la Final de la NBA gracias, en gran medida, a las extraordinarias actuaciones de este todoterreno alemán, con el tamaño de un cinco, el tiro de un alero y el manejo de balón de un base.

Es difícil abstraerse del asombro cuando analizas el juego de Nowitzki, ciertamente estamos ante un prodigio que ha sabido siempre  utilizar su físico para sacar el máximo partido de sus numerosos recursos técnicos. Es cierto que no es excesivamente rápido ni atlético pero su elevada estatura impide a sus defensores incomodar su letal lanzamiento. La solución sería ponerle un defensor más alto pero no hay nadie que supere los “siete pies” que se mueva como el jugador alemán, que añade a sus virtudes una excelente capacidad para elevar sus prestaciones en los momentos decisivos de los partidos

Las demostraciones de Nowitzki en estos play offs han hecho que se eleven las voces que cataloguen al jugador germano como el mejor jugador europeo de la historia. Terreno espinoso éste por la dificultad que supone evaluar diferentes épocas y jugadores que ocupan diferentes posiciones. Particularmente me cuesta poner a Nowitzki por encima de Petrovic, Sabonis o Kukoc, quizás porque el paso del tiempo hace que mitifiquemos a aquellos nombres que marcaron nuestra infancia o tal vez porque aquellos tuvieron un perfil de pioneros que ayudó en su camino a los Nowitzki y Gasol (Pau, otro que podía optar al hipotético galardón).

Si nos centramos en europeos que hayan jugado en la NBA nadie iguala las estadísticas de Nowitzki, MVP de la Liga, 10 presencias en el All Star y muchos tiros ganadores en las espaldas. La ausencia de títulos colectivos de relevancia le ponen en desventaja con los mencionados Kukoc, Petrovic, Sabonis y Gasol pero las actuaciones de la Alemania de Nowitzki lejos de desmerecer al jugador de los Mavericks le encumbran aún más por haber logrado medallas en competiciones internacionales rodeado de jugadores tirando a mediocres.

Los defensores de Nowitzki argumentan con razón que las historias de Sabonis y Petrovic tienen algo de inacabadas. Sabonis luchó contra terribles lesiones y aún así fue un jugador de primerísimo nivel durante toda su trayectoria. El Sabonis pre-lesiones superaba a jugadores ya legendarios de la NBA como David Robinson. La historia de Petrovic la cortó un fatal accidente de tráfico. El genio croata aterrizó en la liga estadounidense después de ganar todo lo posible en europa e hizo gala de su carácter para superar innumerables adversidades en sus comienzos en la Liga. La muerte le llegó en el mejor momento de su vida, consolidado como uno de los mejores anotadores de una competición con muchos menos jugadores vulgares de los que ahora la habitan.

Quizás si los Mavericks ganaran el anillo se despejarían mis dudas, de momento permitidme que no elija entre papá y mamá y siga disfrutando de Nowitzki mientras venero el altar de sus antecesores. Y vosotros, ¿tenéis claro quien es el mejor jugador europeo de la historia?

¿Y el torneo de navidad?

Viernes, 17 Diciembre 2010

Mis primeros recuerdos de baloncesto son del Torneo de Navidad. Quizás alguien no lo sepa, pero hace unos años el Real Madrid organizaba una competición, generalmente los días 23, 24 y 25 de diciembre en la que jugaban muchos de los mejores jugadores europeos y sudamericanos representando a sus clubes o selecciones nacionales. Recuerdo al Sabonis en plenitud,  a la excelente generación balcánica que luego maravilló en el Campeonato del Mundo de Argentina de 1990 liderada por los Kukoc, Petrovic, Divac y compañía o al inimitable brasileño Oscar Schmidt, durante años asiduo a estos partidos navideños.

En ocasiones, el Torneo, en una época privada de las bondades de Internet, servía para conocer a los nuevos talentos que asomaban. De esta manera en alguna Navidad conocimos al genial Bodiroga, al carismático Djordjevic y a nuevos gigantes como el argentino González que, a pesar de sus 2,30, tuvo más eco en los cuadriláteros del Wrestling que en la pista del baloncesto. Incluso alguna vez, algún equipo español se unió a la fiesta, como el Estudiantes, probablemente en alguna contrapestación por algún traspaso realizado entre ambos equipos.

En definitiva, un gran acontecimiento, que gozaba de un prestigio enorme y que ofrecía tres días de buen baloncesto en un ambiente magnífico que se aprovechaba de las vacaciones escolares para acercar a las familias a este juego. Lamentablemente, el Torneo desapareció ya hace algunos años, hubo amagos de recuperarlo pero no hubo excesivas ganas y  las circunstancias tampoco ayudaban mucho. Los grandes equipos y selecciones no parecen muy dispuestos a venir en esas fechas a jugar, los mejores jugadores europeos están en la NBA (hubo ediciones en que todos ellos se juntaban en Madrid en Navidades) y el Real Madrid no está en condiciones de hacer una gran inversión extra en su sección de baloncesto. Argumentos bastante contundentes que, por otra parte,  nadie tuvo ganas de rebatir.

Por suerte, la ACB no para en Navidades, tampoco la NBA, ni la Premier….