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Corazón, deseo y estrellas

Domingo, 3 Mayo 2015

La primera ronda de los Play Offs de la NBA no ha sido gran cosa, la verdad. A diferencia de temporadas precedentes ha existido mayor desigualdad y demasiados partidos que se han decidido pronto. La excepcional serie entre los Clippers y los actuales campeones, San Antonio Spurs, ha compensado con creces lo vivido en otras eliminatorias. Los Spurs tuvieron la opción de cerrar la serie en casa pero, sorprendentemente, dieron muestras de debilidad y abrieron la posibilidad al equipo californiano de seguir progresando en la competición.

Si tuviera que elegir dos aspectos por los que han ganado los Clippers diría que estos son, “piernas” y “hambre”. En el aspecto físico, los Clippers partían con algo desventaja por la escasa confianza de Doc Rivers en sus jugadores de banquillo. Pese a ese hecho, la sensación es que físicamente superaban en alguna posición a unos Spurs a los que les ha faltado algo de frescura en jugadores como Parker o Ginobili, menos determinantes y más erráticos de lo que acostumbran. A quién no se le puede reprochar nada es al excepcional Duncan. Ni la derrota de su equipo nos debe evitar rendir pleitesía a este jugador legendario que ha mantenido a su equipo en la serie hasta el último segundo. No serán motivos deportivos y de rendimiento los que puedan hacer que Duncan tome la decisión de retirarse, con 39 años a cuestas aun es de los mejores jugadores interiores de la competición.

Tim Duncan ha liderado la respuesta del campeón ante el empuje de los Clippers. La franquicia de Los Ángeles ha jugado con una determinación y confianza extraordinaria. Los Clippers han sido un equipo con mucho corazón guiados por el empuje que supone enfrentarse y tener la opción de poder derrotar al vigente campeón. Es inevitable no realizar una mención especial a sus dos jugadores franquicia. Chris Paul ha exhibido el liderazgo que se espera de un jugador de su clase. A partir de su dirección, los Clippers han sabido involucrar a diferentes jugadores para castigar la defensa de los Spurs que, todo hay que decirlo, ha estado lejos del nivel exhibido en las últimas finales. Si Paul ha sido importante, Blake Griffin ha exhibido en la serie una dimensión diferente de jugador que ya venía anunciando en los últimos meses. Griffin ya es algo más que un habitual en las 10 mejores jugadas de la semana, de ser básicamente un “finalizador” ha pasado a ser un tipo capaz de generar para sus compañeros y mejorar en gran medida su toma de decisiones. Ahora, y no antes, Griffin sí es la súper estrella que nos anunciaban y un jugador capaz de elevar el nivel de su equipo más allá de sus números.

Honor para los Spurs. El futuro de los de San Antonio estará vinculado a las decisiones de jugadores como Duncan y Ginobili. Las piernas del jugador argentino han exhibido síntomas parecidos a los que nos deja atisbar Navarro con el Barça. A pesar de este hecho aun quedan buenas dosis de baloncesto en Ginobili, con menos minutos quizás. Personalmente, a pesar de la derrota, los Spurs no me han dado la sensación de ser un equipo amortizado. Evidentemente, necesitarán retoques y algún jugador con la barriga menos llena de títulos pero no cometeré el error de enterrarles y más viendo el nivel de Duncan.

Con permiso, Duncan

Lunes, 16 Junio 2014

San Antonio Spurs es el nuevo campeón de la NBA y una página imprescindible para entender la historia de esta enorme competición. El equipo tejano ha arrasado a unos Miami Heat con demasiados jugadores lejos de sus mejores días y sin armas suficientes para inquietar el sistema más indefendible que existe, un grupo de jugadores con un nivel de confianza tremendo en sus posibilidades y, sobre todo, en las de sus compañeros.

La longevidad en la élite de los Spurs sólo puede entenderse desde la maestría de su técnico, Gregg Popovich, capaz de plantear una propuesta de juego que tiene su paradoja principal en que es capaz de mejorar el rendimiento individual de cada jugador integrándolos dentro de un sistema de juego que desnuda principalmente a aquel que no toma la mejor decisión pensando en el colectivo.

Más allá de que la desigualdad de la Final ha sido patente, el mérito de estos Spurs es enorme por varios motivos. Primero de todo,  por la enorme competencia en la conferencia Oeste, con varios equipos de un nivel altísimo; después por la brillantez de su juego y su labor pedagógica en extender el valor del pase extra y del juego sin balón; por último, por las pequeñas historias de superación y éxito que ha propiciado encarnadas en tipos como Mills o Diaw a los que sólo Popovich ha sabido encontrar un lugar en la Liga.

Son numerosos los datos, anécdotas y récords que nos deja la Final. Ese MVP más que merecido para un chaval que no regala sonrisas pero sí mucho sacrificio como Kawhi Leonard, cuyo reto para los siguientes cursos será perpetuar este nivel de confianza con el que ha jugado los últimos tres partidos. También recordaremos los arreones de genio de Manu Ginóbili, la capacidad de pase de Boris Diaw, la madurez de Splitter después de su decepcionante final del año pasado y esas rachas de tiro asombrosas de Patty Mills. Esas imágenes no se borrarán nunca de mi memoria pero nunca superarán el respeto reverencial y admiración por uno de los más grandes jugadores de la historia, Tim Duncan.

Duncan tiene mucho más que ver con el éxito de este equipo de lo que indican sus (buenos) números. Su mentalidad y la manera de afrontar el éxito ha marcado el camino de muchos de sus compañeros que no dudan en señalar su ejemplo como uno de los elementos claves para el buen funcionamiento del grupo. La manera en que Duncan ha vivido esta final es una muestra más de su generosidad y su absoluto desapego a los focos. Su mayor velocidad la ha alcanzado para ofrecer esa mano para el compañero caído al suelo, su mayor gesto de alegría, para ese triple de uno de los suyos y  en todos sus gestos la satisfacción de formar parte de una de las mejores obras de siempre, impensable sin su presencia en tres décadas.

Duncan no está en campaña

Jueves, 13 Diciembre 2012

Agrada ver que en una colección de egos descomunales como es la NBA aún hay tipos que se dejan llevar por la lógica y saben distinguir la paja del trigo. Uno no llega a ser probablemente el mejor “cuatro” de la historia de la NBA sin una buena mentalidad que complete unas grandes condiciones en el juego.

Hablamos de Tim Duncan, por supuesto, un jugador capaz de mejorar sensiblemente sus números respecto a la temporada anterior con 36 años en las piernas, porque sigue empeñado en hacer que el equipo de toda su vida, los Spurs, continuen siendo una referencia dentro de la competición. Duncan es una estrella al servicio de una causa que asume el paso del tiempo y la pérdida de protagonismo ante otros “productos” de la Liga pero que no se resigna a poder seguir compitiendo contra ellos. Poco aporta a Duncan el “All Star” y por eso hace bien en manifestar que no tiene un gran interés en participar. Esos días de descanso le vendrán muy bien a él y a su equipo.

La actitud de Duncan no debe despistarnos. Que él quiera alejarse de los focos no significa que dejemos de ponderar su excepcional temporada y cómo ha influido su personalidad en la manera en que se han definido los Spurs de los últimos años. Su “matrimonio” con su entrenador Gregg Popovich han logrado crear una franquicia con una gran personalidad que, en su momento, fue poco valorada. Los Spurs de Duncan y Popovich privilegian el pase sobre el bote y el juego colectivo sobre el permanente aclarado. El único límite que tiene un jugador de San Antonio para desarrollar su talento es impedir que sus compañeros también puedan realizarlo. Es por eso que todo jugador del equipo tejano tendrá posibilidad de destacar independientemente de su sueldo, procedencia o formación y eso es así porque han coincidido en el tiempo un entrenador como Popovich y un jugador tan solidario como Duncan.

Me alegra ver que en los últimos años ha aumentado el reconocimiento hacia los Spurs. Durante algún tiempo se les identificó como una alternativa poco atractiva y puede ser verdad que buscando el entretenimiento puro y duro no sería la primera elección de casi nadie. Si hablamos de buen baloncesto la historia cambia. Dicen que San Antonio Spurs son el equipo más europeo de la NBA, yo diría que son el más americano o por lo menos el más americano si nos creemos sus propios lemas, aquellos del sueño americano y de una verdadera igualdad de oportunidades. Pero mejor no entrar en ese debate (que daría para muchos post)  y disfrutar de los Spurs y del legendario Duncan.

Duncan y Garnett, dos estilos

Mircoles, 21 Marzo 2012

Tim Duncan y Kevin Garnett nacieron en el mismo año pero uno parece mucho mayor que el otro, o por lo menos esa sensación me da a mi. Camino de los 36 años, dos de los mejores “cuatros” de todos los tiempos (vale, quizás en el caso de Garnett me he pasado) afrontan sus últimas temporadas con una dignidad admirable resistiendo el empuje de los Love y Griffin de turno.

Estamos ante dos maneras radicalmente distintas de expresarse en un campo de juego. Duncan es un competidor sereno y poco dado a la parafernalia, su liderazgo en los Spurs no ha sido egoísta sino que ha permitido que bajo su protección se expresaran talentos diversos. En plena madurez y con claras muestras de declive físico, Duncan no intenta rebelarse ante lo inevitable sino que sabe adaptarse a las nuevas normas que imponen sus piernas. Lejos de los tiempos donde era imparable, el jugador de San Antonio Spurs mantiene una línea más que digna y es uno de los factores que explican la extraordinaria marcha de su equipo.

Si Duncan afronta el paso del tiempo desde la serenidad, intentando esquivar y entender lo que supone para su cuerpo tantas batallas libradas, Kevin Garnett lo hace desde la rebeldía. El jugador de Boston Celtics siempre parece un espíritu atormentado necesitado no de rivales sino de enemigos que transmite la necesidad de reivindicar su status dentro de su equipo y de la competición. Quizás esa es la energía que le mantiene en la élite después de tantos años, pero que nadie se engañe, tan competidor es Duncan como Garnett aunque los dos se expresen de manera distinta.

Como habréis adivinado, yo soy mucho más de Duncan. No sólo porque quizás estemos ante el mejor “cuatro” de todos los tiempos sino porque su carrera me ha parecido ejemplar en todos los sentidos. Su llegada a los Spurs les permitió obtener un anillo en los coletazos finales de David Robinson. Supo asumir de una manera natural el liderazgo que demandaba la franquicia cuando Robinson se retiró. Abrigó  y protegió a jóvenes talentos hasta que estuvieron maduros para compartir el protagonismo del equipo y, por encima de todo, se ganó el respeto de todo el mundo del baloncesto sin un escándalo ni una palabra más alta que la otra. Duncan ha sido el mejor sin necesidad de poner un adorno a ninguna de sus muchísimas cualidades, ahora, en el declive de su carrera es tiempo de recordarlo, valorarlo y disfrutarlo.