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Barack Obama y Ramón Calderón

Fútbol y política. A Barack Obama le gustan más las personas que los principios ideológicos. Le gustan, entre otros, Hillary Clinton y Robert Gates, al margen de sus ideologías, porque tienen experiencia, carácter y son competentes. “Saben ver y pensar, y la política es eso, ver y pensar”. La política y el fútbol y todo es ver y pensar. ¿Acaso no?. Joan Laporta cree en la experiencia y en la competencia de Cruyff. “¿Cuando tengo dudas, hablo con él: a veces me convence, otras veces, también”. Laporta no siempre es burdo, lo suyo; de cuando en cuando, ofrece estos destellos de ironía.

Santiago Bernabéu era como Barack Orama. Sabía rodearse de gente de fuerte personalidad y talento. Hubo un tiempo,el de las cinco copas europeas, en que el Real Madrid eran Santiago Bernabéu, Antonio Calderón y Raimundo Saporta. El presidente Bernabéu era el consejero delegado del club: veía, pensaba, decidía. Pero asesorándose. “Algo sé de casi todo,pero no siempre todo”, decía. Antonio Calderón, médico, era acérrimamente sevillista. Bernabéu se fijó en él por su inteligencia: “Yo no lo quiero como madridista -le confesó a uno de sus directivos, Méndez Vigo, notario, creo-, sino porque no hay nadie en el club que sepa de lo que él sabe”. Antonio Calderón fue un gerente formidable y un profesional macizo, que diría Obama.

Raimundo Saporta no sabía nada de fútbol y además le aburría.

-¿Es verdad, Raimundo, que en el fútbol te entra sueño? -le pregunté en cierta ocasión.

-No es que me entre sueño, es que a casi todos los partidos les sobra un tiempo.

Hablabamos por teléfono a diario. “Off de récord”, esta conversación no es para la tinta (metáfora de periódico)”, me advertía. Era lo que me enojaba de él,el “off de récord”. ¡Cuántas cosas dejé de mojar en tinta por respetar el protocolo del “off de récord”, pero cuántas cosas aprendí de él!. En el fútbol español no ha vuelto a haber una cabeza tan lúcida y carismática y eficiente como la de Raimundo Saporta.

-Ya somos campeones de Europa, pero si no lo jalean y destacan los franceses y los italianos, es como si no lo fuéramos.Voy a hacerme con ellos.

Y se hizo con ellos. Era un Fouché, muy sibilino, y un portentoso crack de las relaciones públicas, eso que le falta a Ramón Calderón, a pesar de la cantidad de gente -bien pagada por cierto- que tiene incrustada en el organigrama del que tanto presume.

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