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Agüero es más importante que Abel

El Atlético de Madrid es el el Beethoven del fútbol. O patético o heroico. O irritante o genial. O sublime o para estamparles en la cabeza -y en las botas- a los jugadores el marcador electrónico.La regularidad no es lo suyo.
El 4-3 de ayer fue una sinfonía de emociones. Con el 0-2, dijimos: “Se acabó el partido”. Forlán, antes del descanso, despejó el nubarrón de pesimismo con un gol celestial. “Hay esperanza”, se suspiró. Suspiramos. Luego, en el segundo tiempo, en un partido sin orden ni concierto, hubo de todo. Y gracias a la emoción, que ésta es la música del fútbol, se vivió, vivimos, el arco iris de la alegría, del “esto no me gusta”, de la rabia (cuando el empate a tres) y de la eclosión, ya al final, del triunfal y heroico gol de Agüero.
-¡Dios, qué grande eres!
Pero Agüero no está contento. A esto quería llegar. ¿Por qué no está contento Agüero? No lo oculta. Abel no le trata como él quisiera. Le doy la razón a Agüero. Contra el Oporto, Abel lo sustituyó. No fue afortunada la sustitución. Di Stefano, del que tanto aprendí, decía:”Cuantos menos cambios,  mejor”. El cambio, psicológicamente, hiere. Hiere profundamente a veces. Agüero es jóven y tiene un suegro -o lo que sea-, Maradona, perverso. A Maradona no le gusta el Atlético.”No es equipo para Agüero”, repite. Maradona quiere para su tierno yerno -o lo que sea- un club blasonado y rico (el Real Madrid -ojo a esto-, o un clásico italiano o un linajudo inglés).
¿Podrá retener el Atlético a Agüero? Contra su voluntad, no. Y contra su voluntad y la de Maradona, no y no. Abel, el entrenador Abel, es poco o nada psicológo. Más bien nada. Y en un equipo como el Atlético, hay poco o nada que hacer si no se domina “la verónica de la psicología”.
-Gobernar un vestuario de campanillas es tan dificil como gobernar un país. O más. En un vestuario, además de saber de fútbol,hay que ser psicólogo.
Guardiola, tan novicio en su novicia profesión de entrenador de equipo de campanillas y de campanadas, lo salmodia también de vez en cuando.
Si Abel no sabe “cuidar o entender” a Agüero, mal para todos :para él, para Agúero y para el Atlético. Hoy, en el Atlético, Agüero es más importante que Abel, a quien, por cierto, veo entre verderón e inmaduro.

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