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El silente y duro Florentino Pérez

Enrique Cerezo, hombre de bien, se queja sin embargo del árbitro: “En el Bernabéu sólo se equivocan contra el Atlético” (As). Lo cual que no, señor Cerezo. Demagogo en fútbol es el que exalta los errores del árbitro para no juzgar los errores de los propios jugadores. Demagogo en fútbol es el que ve oval lo que es redondo. Huntelaar, es cierto, estaba en fuera de juego cuando hizo el gol del Real Madrid, como cierto es también que Dios (la divina mano de Maradona, su suegro) no le echó su mano derecha (la divina mano de Maradona, su suegro) ni una sola vez a Agüero (Dios no juega a los dados, que dijo Einstein,pero tampoco al fútbol a veces) . Cuando le vea, se lo reprocharé cariñosamente al cariñoso (así es su carácter) Cerezo:

-¡También tú, Enrique!. Como ya no váis a misa, cada día practicáis menos lo de no ver la viga en el propio ojo.

Robben

Le pasa a este holandés lo que al juez Garzón. El juez Garzón ni es el del PSOE ni es del PP. Es como la mayoría de los españoles, que diría el gran don Miguel de Unamuno.

-¿Y por curiosidad, oiga, qué decía al respecto el gran don Miguel?.

-El español, decía, es tan suyo, tan individualista, que sólo le interesa lo suyo. “En política, el español tiene el color de lo que le gusta. El español es egoista e individualista”.

Garzón ejerce el egoismo y el individualismo de lsu exhibición. “Me gusta ser como me gusto”. Robben es como Garzón. “Me gusto, luego qué a gusto me siento”, podría ser también su lema. Si cambiase un poco,sólo un poco, y se le recordase que el fútbol es un juego de todos para todos y no de todos para él, sería casi excelso. De todos modos, hoy por hoy, no hay en el Real Madrid nadie tan desasosegador (para el adversario) y “divertido” (para todos) como él.

Florentino Pérez

El silente Florentino sigue sin hablar, pero habla. En privado. Con los amigos. Con ironía. “Cuando dejé el Real Madrid, ¡cómo me pusieron de traidor!. Ahora, en cambio, casi los mismos que me crucificaron me ven como un santo advenimiento”. Uno de los que le escuchaba: “¿Y vas a advenir?”. Calló. El silente Florentino.  Si fuese boxeador, no habría puño capaz de hacerle “besar la lona”.

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