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El dopaje es más que un porro

Alejandro Valverde, ciclista magnífico, está indignado con el Comité Olímpico Italiano.
También en el deporte hay que ser honrado y parecerlo. Alejandro asegura que él no vigorizó “sus fuerzas naturales” con sustancias prohibidas. ¿Miente Alejandro? ¿No miente? Según el CONI, Alejandro miente. Luego hay dilema: ¿a quién creer, al imputado o al imputador? ¿Quién lo resuelve,cómo se resuelve?
Creer o no creer: ya estamos en el nudo gordiano de siempre. Yo creo en Dios por si acaso, no siempre creo en los hombres y casi siempre creo más en las instituciones que en los hombres.
El ciclismo, desde la Operación Puerto, está manchado, y hay manchas dificiles de borrar, máxime porque es verdad que el deportista profesional (incluyo a todos, no sólo a los que pedalean) en su afán de ser cada día más fuerte y más campeón, caen en hábitos tan deshonetos como nocivos.
-¿Nocivos?
Para la salud del cuerpo y para la salud moral del deporte. Salud, cuerpo, moral: el trípode del deporte.
Cuando empezó esta pejiguera del dopaje en el ciclismo, un día, comentándolo con Federico Martin Bahamontes,le solté de sopetón:
-Tú, Federico, ¿como te “dopabas” en tu época?.
Federico es un delicioso socarrón:
-¿Me estás acusando?
-No, te estoy preguntando.
Más burlón todavía:
-Pues sí, me “dopaba”:con café y unas gotas de coñac.No he superado el “dopaje” del café con coñac. En mi época,eramos todos muy buenos.
Alejandro Valverde, para quien el CONI pide la máxima sanción, no debe contentarse con decir que está “sorprendido e indignado”.No es alegato suficiente. Los tribunales juzgan hechos,no palabras. Alejandro Valverde debe tratar de demostrar su inocencia “con hechos”. Si no es así,su carrera corre peligro. Lo siento.
El dopaje es más que un porro.

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