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¿En declive Nadal?

Agassi, hace unos días, aventuró que Nadal había dejado de ser el Nadal efervescente, vivaz, imprevisible.

-Parece que ha iniciado su declive -sentenció.
Agassi, de tenis, lo sabe casi todo; todo, no. El todo absoluto es absolutamente imposible, casi. Agassi alarmó, sin embargo.
La final de hoy entre Davydenko y Nadal la he seguido no con el corazón del forofo -soy forofo de Nadal-, sino con la temblerosa atención del que duda.

Nadal tiene 23 años. ¿Joven viejo ya? El deporte profesional es abrasivamente destructor; y el tenis, por las exigencias de un calendario poco  piadoso, es destructoramente abrasivo.

-¡Vamos, Rafa! -pensé y grité en susurro para mis adentros más de una vez delante del televisor.
Davydenko acollona, es un tenista que acollona. Nadal es un tenista que exaspera. El acollonador Davydenko contra el exasperador Nadal.
Davydenko, el tenista Guadiana del circuito -se lesiona, desaparece, emerge y gris o colosal, según-, ha sido el mejor esta vez, mal que nos pese. La fe es tan importante como la técnica y la fortaleza física; o más, o mucho más, cuando la técnica y la capacidad física son similares. Davydenko es tan luchador como Nadal, y en forma, y con la fe crecida, acollonador.

-¿Quiere usted decir acojonador?
- Sí, sí. Eso. Es que acollonador suena más fino, ¿no?
Davydenko ha jugado contra Nadal, desde el primer momento, a ganar, mientras que Nadal sólo ha jugado a ganar a Davydenko en contadas ocasiones: brillantemente, sólo en el octavo juego del segundo y definitivo set.

¿Ha iniciado Nadal su cuesta abajo? Yo no quiero creerlo, tal vez porque sigo teniendo fe en Nadal, y tengo para mí -¿presentimiento?- que también Nadal sigue teniendio brava y sin rasgar  su fe.
Admiro a todo el que sabe ganar y el ucraniano, en esta ocasión, ha sabido ganar en todos los terrenos a Nadal. La  fría razón me dicta esto; el corazón, sin embargo, lo tengo rabioso.

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