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Felicidades, Lissavetzky

Algo sobre Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte.
La suerte existe. Pero, ¿qué es la suerte,cómo es la suerte? Hace años, un jesuita que me enseñó mucho (sobre todo a amar el estudio) y que luego colgó el bonete y la sotana, me dió la siguiente explicación sobre la esencia de la suerte:
-No soy irreverente y sigo y seguiré siendo católico, pero la suerte es como Dios. Existe, pero ¿cómo es Dios? ¿Lo sabes tú?…Hay que creer,sin embargo,en la suerte y en Dios -sentenció.

Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte, es hombre de suerte. ¿Es creyente,no lo es? Es,sin más, hombre de suerte. Con él, gracias a él o gracias al halo de su suerte, que no sabría desentrañar el dilema, el deporte español funciona como “Si la cosa funciona”, la película de Woody Allen, que no para de funcionar.

-La suerte -tiene escrito Woody Allen- siempre me ha acompañado. A la suerte deben de gustarle los feos y bajitos como yo. España, a pesar de los cuatro millones de parados, es la décimo país industrial del mundo, de donde se infiere que hecha la excepción de pocos países, el mundo es bastante puro zurullo.

-Y usted que lo diga.Yo llevo ya en el paro un año y tres meses.No me cabe en la cabeza,por lo tanto,que España sea potencia. En efecto, hay cosas difíciles de explicar. Con Lissavetzky, sin embargo, lo crean o no, el deporte español es vigor, salud, fulgor, riqueza: la novena potencia olímpica. Lo certifica la aritmética de los títulos y los diplomas.
-Hemos pasado -presume con toda la razón del mundo Lissavetzky- del puesto 13 al 10 en hombres y del puesto 14 al 9 en mujeres. Como creo en Dios y en la mágica química de la suerte, por el bien de la España deportiva no sólo hay que felicitar a Jaime Lissavetzky (químico de profesión) sino desearle larga vida en el cargo que ocupa.
-Oiga, que el suyo es cargo político
Es lo malo de la política: cada vez que cambia el señor de la Moncloa, cambian a los señores que, como Lissavetzky, lo hacen bien por estúpida “exigencia del guión ideológico”, Camilo José Cela tenía razón:”Los críticos nos valoran más por la ideología que por lo que valemos,fíjate qué poco de fíar son los críticos”.

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