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Cruyff y su máxima

 

Johan Cruyff, como ya nadie ignora, es el Di Stefano del Barça, sólo que así como Di Stefano cae de  glorioso repique de campanas  a todo el madridismo, Cruyff no.

-A Rosell, por cierto, nada.

Sandro Rosell es el jóven y afortunado heredero del jóven y separatista señor Laporta. El Barca de Guardiola, mal que nos pese a los unitaristas, es en elevado porcentaje -casual o no- la gestión -casual o no- de quien aspira,tras triunfar en el Barça, a divorciar a Cataluña de España.

- ¿Cree usted que esa “utopía” dejará de serlo algún día ?

El político al que he formulado tan utopica pregunta, catalán y de Covergencia él, me ha contestado con sabiduría escolástica:

-Los políticos desiderativos rara vez son queridos y seguidos por las masas con sentido común, y el catalán se singulariza por dos cualidades fácticas: la pela y el “seny”.

El seny, en este caso, es que el catalán no cerá en la torpeza de la utopía laportiana:

-El mercado de la pela catalana es, fundamental y económicamente,España.

Cruyff, querido o no querido, dice en “La Vanguardia”, hoy, que el fútbol,según su “máxima”, es un juego de fallos porque se juega con los pies. Plagio. Quien primero pensó y dijo  eso fue Santiago Bernabéu. Lo formuló  así: “¿Cómo se puede pedir perfección a un juego que se  juega con los pies? -y agregaba- Afortunadamente, el fútbol es un juego de errores de los jugadores, de los árbitros y de ustedes los periodistas, que ustedes también son forofos. La llama dialéctica del fútbol es, paradójicamente, el error. El día que el fútbol sea virtuoso, dejará de interesar.

-Tal vez tenga usted razón, don Santiago -asentí.

Don Santiago, a veces, era escatológico:

-¿A qué no es comprensible para los humanos que los cerdos sientan placer restregándose en el fango, en la suciedad?.

-No, don Santiago, no lo es -yo era jóven, por lo tanto muy respetuoso con mis mayores.

-Pues el placer de los forofos del futbol, fíjese usted qué cosas, es el  represivo error.

-¿Lo sucio?

Me corrigió:

-Como somos humanos, digamos que lo que solivianta  y herboriza  nuestros instintos.

Cruyff, pues,ha hecho suya una máxima que no es suya, pero eso, claro es,es lo de menos, toda vez que plagiar no es pecado, ni falta, ni robo. Desde que existe el “homo sapiense”, la sabiduría del hombre consiste en copiar, en plagiar, en hacer suyo lo que no es suyo.

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