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El presidente y yo

     Debe de ser verdad:  la victoria sigue al hombre grande. Mourinho es un hombre grande.

        Así como la hierba no crecía cuando la pisaba Atila, el césped crece cuando lo pisa Mourinho. El Oporto, el Chelsea y el Inter certifican la “grandeza” de Mourinho.

-¿Es de verdad “un grande”, o es el azar de la victoria que se ha enamorado de él, como Shakira de Piqué?.

        El azar, que se dice, baraja las cartas; la suerte, luego, depende del arte (talento, instinto, ingenio) de quien las juega.

        Leo las declaraciones de Mourinho a “Sky Sport”. Interesesantes. Mucho. Mourinho ni engaña ni se engaña, como tengo escritro aquí. Cree en él, cree en su manera de ver y dirigir el fútbol y no duda de su talento psicológico  y técnico. Por eso es “grande”. Respeta  la creatividad y  el ingenio del jugador (dentro de un orden,claro), considera importante el “feeling” entre el equipo y el estadio: leáse público. “El público juega también al fútbol”, recuerda de vez en cuando. Sostiene que la relación “directa”, sin portavoces ni subsecretarios, entre el entrenador y el presidente es fundamental. Rotundiza  al respecto que Florentino ha empezado a adaptarse a su manera de trabajar, “porque eso es lo moderno en fútbol”. Le pagan muchísimo - reconoce y proclama - para que la responsabilidad del equipo sea suya. “El presidente -maximaliza- no está para preocuparse del día a  día,sino para disfrutar del club”.

Sin decirlo, dice:

-El Real Madrid es responsabilidad mía.

        Lo que es la vida.Cuando el Real Madrid de Di Stefano, don Santiago Bernabéu dijo algo parecido: “El Real Madrid es Di Stefano, el genio y el mando de Di Stefano: hay que tenerle contento”.

        Para que no haya dudas, Mourinho pone las cartas bien a la vista, bien boca arriba: “Necesito el poder de decisión”. ¿Para qué? Para no ocultarle nada al presidente. Le da muchísima importancia, o toda la importancia, insisto en ello, en que entre él y el presidente no debe haber muros ni “despachos” (ni Valdanos, claro) “El presidente y yo”, viene a ser su divisa.

        No le gusta tampoco, y creo que con razón por lo que sé, la estructura orgánica del club: demasiada gente, demasiadas áreas, demasiados “generales” .

        ¿Será Mourinho el Di Stefano de la era Florentino Pérez? Empiezo a pensar que tal vez.

        Me gusta, sí, la personalidad sincera, honesta, enérgica, preñada de fe, de este portugués del que, evidentemente, está enamorado la diosa Victoria.

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