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El COI y las manifestaciones

De Madrid al cielo, sí. “Madrid, qué cielo de ciudad”. Claro que sí. Otra cosa es si el cielo de los Juegos Olímpicos a que aspira por tercera vez Madrid  es un cielo que ama o no ama a Madrid.
-Roma, ciudad eterna, y Madrid, ciudad terca.
Como debe ser. La terquedad es fe. La fe de la voluntad. Soy un convencido del inmenso  bien que le haría a Madrid y a España, o a España y a Madrid, que el “Gordo” de los Juegos Olímpicos de 2020 cayese en Madrid. Le cayese a Madrid. Alegría, imagen, dinero, puestos de trabajo: todo eso es  sínóminos de Juegos Olímpicos. Antes de Juan Antonio Samaranch, los Juegos eran un lujo. Costaban dinero, y mucho, a las ciudades organizadoras. Gracias al “invento” Samaranch, por lo que a España respecta, y gracias a la teleglobalización, los Juegos, hoy, son a la vez lujo, negocio y marca.
-Cuando hablo de Juegos Olímpicos, yo cito siempre al barón de Coubertin, que los resucitó, y a Samaranch, que los convirtió en lo que Amancio Ortega ha convertido urbi et orbi a Zara: en un negocio-espectáculo global. Globalmente go. ¿Quién no  disfruta con ellos?
Piropo  de un miembro del COI de apellidos enrevesados amigo de España.

Amistad: he aquí una palabra clave. Ojo a ella. Los próximos días vamos a tener en Madrid al Comité Evaluador del COI. Señores que se fijan en todo: en lo bello y simpático y en lo estólido y feo. Ojo con esos señores. Máxime porque -se sabe ya- Tokio les ha impresionado.
Madrid, últimamente, es “poco pan (lo digo por el paro) y mucho fútbol”. Es la huelga nuestra de cada día. Huelgas o manifestaciones a gogó. Yo, conste, lo declaro en seguida para que nadie piense lo que no es, considero la huelga, a efectos laborales, como el fútbol, a efectos lúdicos, socialmente necesarios.
-Celebro la matización. Ya iba yo a pensar mal de usted.
Pero. Y aquí el pero y la meditación. Como vemos también casi todos los días, raro es el día en que los políticos y los sindicatos se llevan como dulces y líricas  abejitas de panal. La miel de la solidaridad y la armonía no existe entre ellos. Si uno dice “yo soy del Barça”, el otro, por incordiar, dice “pues yo soy del Real Madrid”, aunque ni el uno ni el otro sean del Madrid o del Barça. El caso es discrepar, el caso es no colaborar,el caso es fastidiar.Sugieron tímidamente: ¿sería posible que durante los días que el el Comité Evaluador del COI van a “estudiarnos,evaluarnos y estirmarnos” fuese  Madrid un cielo de ciudad sin manifestaciones, sin protestas callejeras, sin huelgas? Lo indico  para que los “evaluadores” no vean lo que no deben ver y no nos juzguen o evalúen  por circunstancias más o menos “coyunturales”.
Por unos días, seamos todos unos cielos de ciudadanos.

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