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¡Vivan los penaltis!

Tres penaltis en el Real Madrid- Sevilla y dos penaltis en el Granada-Atlético de Madrid. Hablar mal del árbitro no es elegante. Culpar al árbitro de la derrota tampoco es elegante. El fútbol no es un deporte perfecto; no podemos pretender que el árbitro lo sea. Collina, calva reluciente, ojos brillantes, sonrisa contagiosa, italiano y ex árbitro internacional (francamente bueno) se equivocaba también y decía:

- El jugador yerra sin querer, el árbitro yerra sin querer, querer por lo tanto ser implacables con los jugadores y los árbitros no es justo ni deportivo.
Dicho lo cual, el periodista le preguntó:
-En las áreas ustedes, a veces, no ven lo que ven, cierran los ojos a lo que ven, ¿por qué?

No dudó la respuesta:
–Para no hacerle daño al fútbol. El penalti es una falta satánica. Los públicos son coléricamente sensibles a esa falta: los perjudicados, aún sin razón, si esa falta no es muy clamorosa y genera dudas, la protestan diabólicamente… acollonan.
En cada partido, en efecto, hay penaltis. En plural. Las leyes y las normas se hacen para ser cumplidas. ¿Se cumplen siempre? No. Se acatan, y eso tan estúpido y rutinario de acatar lo que no es justo, solivianta. En el Real
Madrid- Sevilla, a juicio de algunos o de la mayoría , ninguno de los tres penaltis fue penalti. En el Granada- Atlético, los dos penaltis a Villa fueron penaltis.
¿Por qué se equivocó tres veces Teixeira Vitienes en el Bernabeu? ¡Ah! ¿Por qué acertó las dos veces González Gonzalez en Los Carmenes! ¡Ah!
Pedro Escartin, quizá el árbitro más sabio que ha dado España, sostenía que algunos o muchos de los errores de los árbitros son “errores ópticamente geométricos”.
-Dos ojos son pocos ojos -explicaba- para abarcar la geometría rectangular de un campo de fútbol.
Al margen de todo esto, hay otra cosa. El Reglamento del fútbol se incumple sistemáticamente, casi por “regla o hábito” en todos los partidos. Si usted, amigo lector, repasa el Reglamento comprobará que siendo sancionables con penalti faltas como “empujar al adversario, saltar sobre un adversario, agarrar a un adversario, obstaculizar a un adversario, sujetar a un adversario, golpear o intentar golpear a un adversario o tocar deliberadamente con las manos el balón”, rara vez se sancionan.
¿Por qué? Otro ¡ah! aquí. Podría decirse a este respecto que hecha la ley,hecha la costumbre de no cumplirla. La televisión, ese juez no forofo, en las repeticiones, demuestra que en las áreas,y muy especialmente en los saques de esquina, la cosecha de penalties es tan generosa como la cosecha de vino en Castilla este año.
-Si usted pudiese, ¿exigiría el cumplimiento estricto y sin atenuantes del Reglamento?
-Sí. Y por esta cartesiana y egoísta razón: si la esencia del fútbol es el gol, el penalti sería otro orgasmo de gol. Y el orgasmo, que dijo no sé quién, es “la otra alma de la vida”. Alma carnal, claro es.
Vivan los penaltis.

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