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Jugadores “rompehuesos”

Creo en la amistad y en Dios por si acaso. La amistad, tal como yo la entiendo, es el amor sin el enredador Cupido de por medio.
-Soy el mejor amigo de mi mujer y mi mujer es mi mejor amiga. Discrepamos pero no discutimos.

Delicioso. Respeto la amistad, de la que soy forofo, y respeto el trabajo del árbitro de fútbol.

-¿Por qué, por qué respetas al árbitro? El árbitro a veces “roba” resultados (qué coincidencia: lo  que dicen algunos politicos fuleros de Madrid, lo cual es falso).
-El árbitro es él solo contra veintidos: ¡uno contra 22 jugadores!.

Dos ojos contra cuarenta y cuatro ojos, más los ojos y las vociferantes gargantas de miles de espectadores que, naturalmente, no tienen  un concepto excesivamente salomómico del fútbol.

Cuando yo era un simple monaguillo del sacerdocio periodístico -tardé  en tonsurarme- aprendí mucho de un señor que se llamaba Pedro Escartín. El señor Escartín era árbitro los domingos, y de lunes a viernes vendía cafeteras italianas a los bares. Se forró.

-¿Gracias al fútbol?
-No, gracias a las cafeteras.

Don Pedro era árbitro internacional. Reputado y respetado. Y famoso por lo tanto por árbitro internacional reputado y respetado.  Gracias a los cual, para los bares era un honor comprarle a don Pedro las cafeteras que representaba. Elegante y cortés, además.

Mire usted, Ors -me “usteó” toda la vida; el usted era su otra corbata- el árbitro es un oficio hermoso. Sobre saber aplicar con “inflexibilidad” el Reglamento, el árbitro  debe ser juez implacable  con los jugadores aviesos.

No sancionar un penalti por no verlo me desazona, no castigar una carga abyecta no me deja dormir. Al futbolista “siniestro”, al futbolista “rompehuesos” (él lo decía así), hay que echarle sin más. Me tildan por eso de “árbitro negrero”.

Fíjese, Ors, “árbitro negrero” yo  por  castigar lo perverso y denigrante.

En el partido con Guinea Ecuatorial, como se ha visto, casi se cargan a Xabi Alonso y a  otros dos o tres jugadores . Fueron en lances en que la obviedad de las actuaciones de los internacionales  locales eran obviamente peligrosas para la salud física de sus “amistosos” oponentes. Pero el árbitro no vió o no quiso ver: más bien esto. Árbitro pues imperfecto.

Don Pedro lo tenía claro:

-El fútbol lo inventaron los ingleses como juego de amistad entre caballeros.

Respeto al árbitro. Este sentimiento me lo inculcó don Pedro, un buen amigo. Pero lo que no entiendo es que la FIFA y la UEFA y las federaciones nacionales no “extingan” a  los jugadores “rompehuesos” y a los árbitros que melifluos.

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