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Grotesco y vil

Leo con fruición, de siempre, al profesor Fernando Savater. Catedrático y sabio en lo suyo. Lo suyo es la Filosofía, amén de otras sabidurías. Al profesor Savater, tan liberal,  no le gusta el fútbol, parece que lo detesta. Tiene escrito que el fútbol es “un ejercicio grotesco y plebeyo”. Y califica de “viles” a los espectadores de fútbol.
-¡Qué contundente, qué intransigente, qué dogmático!
-Si viviese Erasmo de Rotterdam, probablemente se lo reprobaría con argumentos humanistas.

Sostenía un lord inglés, hace un siglo, más o menos, que el rugby es un deporte de gamberros jugado por caballeros, de igual modo que el fútbol es un deporte de caballeros jugado por gamberros. Algo así.

-Qué británico suena eso al oído. Viene a validar, en cierto modo, la opinión del catedrático español.
Pero con humor y sutileza británica. No es igual.

El fútbol, hoy, es muchas cosas: sociología, política, deporte, ocio, espectáculo, escuela de valores  y “válvula de escape” de  contenidas acritudes laborales, sociales y políticas, que se decía en el  franquismo.  Al profesor Savater le diría uno, con respetuosa cortesía, que esos “viles y plebeyos” espectadores de fútbol  son los “plebeyos y viles” demócratas de papeleta y urna cada cuatro años.

-El fútbol me aburre, no me emociona, es un juego absurdo  -me suele repetir un compañero de voto, urna y paro  (lleva en él tres años)- ; opino del fútbol lo que Jardiel Poncela opinaba de la de la política: “Si será mala la política, que a la suegra la llaman mamá política”.

¿Vil, plebeyo y grotesco el fútbol? Pienso que no. El fútbol, visto desde el asiento de un estadio (estadios: catedrales de la modernidad) o practicado, es ejercicio hermoso y leal tanto para verlo como para cultivarlo. A Platón, casi seguro, le gustaría.
Si la casta política, tan “vilmente” reputada (cada día más), se mirase en la casta del fútbol, otra sería su imagen. No se dude. Terminado el partido entre el Atlético de Madrid y el Barcelona (0-0) ,lo mejor, lo más ético (“Ética para Amador”) fueron las objetivas y nobles declaraciones de los protagonistas. “El Atlético es un magnífico equipo” (Xavi). “El Atlético es uno de los mejores equipos de Europa” (Cesc). O: “El Atlético ha jugado como quería y nosotros no hemos jugado como queríamos” (Tata). Eso es ética, elegancia; eso ni es vil, ni grotesco, ni plebeyo.
El fútbol, salvo excepciones, que las hay, claro que las hay, es más limpio, leal, noble y estético que el ejercicio de la política (por lo menos en España).

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