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Luis Aragonés

Pongo la radio y oigo la noticia. Ha muerto Luis Aragonés. A los 75 años. Hoy, a esa edad se está en el prologo de la tercera adolescencia, que decía Camilo José Cela. A Cela le gustaba el fútbol. Presumía de ello:

-Yo le daba bien al balón. El fútbol es divertido. Pugnar, en lo que sea, es estimulante.

Pugnar. Tuve con Luis Aragonés, de siempre, una relación misteriosa y diría que hasta inexplicable de simpatía. Era terco y áspero, cuando le placía, y alegre y fluido, hasta agradable, cuando le gustaba la compañía.

-Luis, ¿cómo eres, cómo te ves? Hoy estás encantador, y tú no tienes fama de encantador.

Se lo dije cenando con él, en el Club de Medios que preside Luis María Anson.

-Ya, ya sé que se “cree” eso de mí. Pues no soy antipático. Es más –sonriendo- tengo fino sentido del humor.

Vicente Calderón fue gran amigo suyo. Y mío. Calderón era observador agudo. Y lo veía así:

-Sabe de fútbol casi todo, y también duda de casi todo. “El fútbol –me suele repetir- es bastante complicado. No es juego sencillo, psicológicamente. Hay celos, hay egos fuertes. Conjuntar a los jugadores es tarea complicada a veces, tampoco es fácil conseguir que se amen sin envidias los unos a los otros”.

Vicente Calderón era muy sincero con Rafael Marichalar y conmigo. Cenábamos los tres juntos una o dos veces al mes.

-La amistad – sostenía- es confianza. Por eso me confieso con vosotros.

Amistad. He aquí otro sentimiento que valoraba Luis Aragonés. Amistad, convivencia, pugnacidad. Eran las columnas de su manera de ser y entender el fútbol. Había otra palabra en su vademécum, ésta: ganar.

-El fútbol es ganar, ganar y ganar.

El primero gana, el segundo pierde y el tercero compite. Ignoro la autoría de esta frase y si él la conocía o no. Lo que sí sé es que la practicaba.

-La mala suerte existe –era contundente en sus opiniones-. En la final de la Copa de Europa de 1974 en Bruselas, contra el Bayern – fecha maldita, satánica para él-, contra pronóstico –el favorito era el equipo alemán- debimos ganar. Marqué yo, empataron ellos cuando todo parecía decidido a favor nuestro. Y en el segundo partido, a los dos días, nos golearon (¿4-0?). La fuerza física –matizaba- , injustamente, se impuso al entusiasmo.

Filosofaba también.

-El entusiasmo es necesario para jugar bien, pero el entusiasmo no es suficiente. El entusiasmo es sentimiento “líquido”.

-¿Lírico tal vez? –le dije.

-Lírico o líquido, el caso es que aquello me dejó cicatriz. ¡Ganar, ganar, ganar! Sólo cuenta eso. En la vida y en el fútbol. La memoria del fútbol es aritmética.

Ha sido una sorpresa su muerte. Tan de sorpresa. Luis, ya se sabe, ganó la segunda Copa de Europa de Selecciones para España en 2008. Esa victoria consolidó nuestra misteriosa relación de simpatía.

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