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Insolentes

Tres eran las hijas de María (aquel dicho) y tres son los equipos que compiten por el título de Liga, con un Atlético insolentemente magno.

¿Y por qué no cuatro, que el Athletic está caliente, pedernalizado como en sus viejos tiempos.

El Athletic me trae a la memoria, siempre, la figura -lo fue en su día- del árbitro internacional Pedro Escartín. Cantinela de Escartín:

-Cuando el Athletic funciona, funciona la Selección.

Eran cuando lo dijo otros tiempos (ni mejores ni peores: distintos. El tiempo actual es global, telegénico, digital y de muchos imputados ¡Qué distinto!).

El Athletic, es cierto, le ha rebajados los humos al Real Madrid, de igual modo que el Valencia, el sábado, se le subió a las barbas al Barça en su cortijo del Camp Nou.

-Qué insolentes el Valencia y el Athletic.

Las insolencias son la sal, la cebolla y el perejil del fútbol.

El Athletic está a once puntos de los omnipotentes Barça y Real Madrid y a catorce del no menos insolente -para el Madrid y el Barca- Atlético de Cholo y Diego Costa.

2014, año nuevo y a ver si nos toca (a ustedes y a mí) la Primitiva o la Quiniela, no ha empezado bien para el Barça. Ha cabreado, y mucho, a Tata Martino, cabreo que le ha llevado a expeler esta frase: “Cuando al rival se le puede pisar, hay que pisarlo”.

-¡Qué insólitamente burdo, él tan argentinamente dulce!

No hay que tenérselo en cuenta. “El fútbol es mucho más serio que un asunto de vida o muerte”, que dijo quien lo dijera: otro cabreado, seguro.

El Atlético, en cambio, sigue estando de dulce, y, miren por dónde, desde esta semana es el Atlético el que mira de arriba abajo (construcción ortodoxamente musical) a los inmensamente poderosos Real Madrid y Barça.

-¿Y eso es bueno para la Liga?

-Por supuesto. En la misma medida que no es bueno y de cabreo burdo, también, para el Barça y el Real Madrid.

El otro día escribí aquí que a Ángel María Villar, presidente de la FEF, no le gusta la Liga del duopolio.

-La Liga -repite a quienes no padecen otitis testicular- tiene calidad, ahora hay que encontrar la fórmula para que tenga igualdad.

Yo estoy con Villar. Las desigualdades extremas son impropias del siglo de la globalidad, siglo del que, por cierto, algunos economistas opinan ya que está haciendo más inmensamente ricos a los inmensamente ricos y más inmensamente pobres a los pobres que todavía no son inmensamente pobres

Como los inmensamente poderosos, “se les pise o no” ( Tata), acaban ganando siempre, lo insólito sería que el Atlético de Cholo y Costa ganase la Liga (opinión generalizada). Sería, sin embargo, formidable –pensando en la igualdad- que la ganase el insolente Atlético. Contra la opinión generalizada. Lo digo por lo de la fraternidad de la igualdad, que en los duopolios ni hay igualdad ni fraternidad.

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