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Viva el ‘arte’ del fútbol

El capitalismo es el arte de hacer dinero, la política es el arte de gobernar y el fútbol es el arte de olvidarse, al menos durante noventa minutos, de los capitalistas y de los políticos.

-Y, oye, qué gozo y qué ilusión, que diría el poeta. Viva el fútbol.

Viva la Selección de España. Gusta a todos: a los jugadores que la integran y a los críticos, a los que hay que leer.

-¿Para qué hay que leer a los críticos?

-Para discrepar, para contrastar o para no hacerles caso.

Diego Costa. ¿Cuajará, no cuajará en la Selección? Diego Costa, para uno, tiene la poco corriente cualidad de la sinceridad. Algunos consideran que no ha debido decir que es y se siente brasileño. Discrepo. Quien ama a su patria y se siente orgullosa de ella, es un buen nacido. Lo que debe importar de Diego Costa es que en la Selección se sienta tan a gusto como en el Atlético de Madrid. Diego Costa es un profesional del balón no como la copa de un pino, sino como un apretado pinar de pinos.

-Amo a mi patria y amo el fútbol.

Ése es Diego Costa. Estamos en el siglo de la Globalidad. Di Stefano, que vino al Real Madrid cuando estaba a medio siglo, casi, de este siglo XXI, dijo una vez algo tan hermoso como esto:

-Tengo tres patrias, Argentina, mi cuna de nacimiento; España, que me ha acogido como si fuese español, y mi “gran patria”, el Real Madrid. Soy lo que soy gracias al fútbol.

¿Por qué no pensar como Di Stefano? ¿Por qué no pensar como Diego Costa? Ya dijo no sé quién, pero alguien admirado por su macizo peso cerebral, que su patria era la patria que le daba trabajo y comida.

El problema de Diego Costa es otro.¿ Conseguirá, sin apenas tiempo, adaptarse al estilo de juego de la Selección? Profesionalmente, se sabe, va a hacer cuánto pueda para no defraudar. Sé más. La cara, en el caso de Diego Costa, no es el espejo del alma o del corazón. La cara de Diego Costa ciertamente intimida: como fosca, como cara de pocos amigos. El corazón, en cambio, es apostólico.

-Si no fuese futbolista, sería misionero. Tiene más corazón que corpachón.

Así lo retrata un amigo suyo, amigo a su vez de Enrique Cerezo.

Pienso que si Diego consigue encajar en el engranaje de la Selección, será glorioso en ella como lo ha sido en la Selección. Y otra alegría, alegría de esperanza: Del Bosque tiene buenas sensaciones. Y yo, qué caramba. Viva el fútbol.

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