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Don Santiago y don Alfredo

Ochenta y ocho años. No lo estoy viendo, en la pantalla de la imaginación, con 88 años. Lo estoy viendo con pelo, escaso. Viajé con Alfredo Di Stefano, lo traté, escribí y realice su vida para TVE. Nunca acabé de conocerle. No era simpático; y, sin embargo, cuando quería, era entrañablemente ocurrente y cercano.

-¿Qué es el fútbol para ti, Alfredo?

-Arte.

Como don Santiago, también era, a su manera, filósofo. El ser humano es una pluralidad de sensaciones : listo, avaro, genial, optimista, depresivo.

-¿Arte? Explícamelo.

-Arte y responsabilidad, ambas cosas. Todo lo que hacemos con los pies hay que pensarlo. Eso de que el fútbol es sólo un juego de patadas, no es verdad. ¿Qué hacen los artistas? Pensar y crear. ¿Qué hago yo con el balón en los pies? Pensar y crear.

-Responsabilidad, Alfredo.

-La responsabilidad es moral. Yo en un partido puedo estar bien, mal, regular. Ser perfecto es imposible. Ser imperfecto e irresponsable, en cambio, es salir a la cancha y no exprimirte la cabeza y el corazón.

-O sea: estar y no ser.

Eso. Oye, a veces, a pesar de ser periodista, “disparas” bien.

Los periodistas no le caíamos bien

-Yo os leo poco, nada, vaya – él era así: tajante, desedulcarado-. No necesito leeros para saber cómo he estado. A veces me ponéis bien y no lo entiendo porque no he estado bien. Otras veces, en cambio, me ponéis mal y de no haber sido por mí, habríamos perdido.

Kubala y él eran coetáneos. Se respetaban. Para Kubala, Di Stefano era el futbolista total. Para Di Stefano, Kubala era la máxima expresión del fútbol. ¿Y cómo veía don Santiago de Alfredo? Así:

-Como yerno será un tío difícil. Como futbolista, la joya del Real Madrid.

Un hecho incontrovertible: con don Santiago pero sin Di Stefano, el Real Madrid, probablemente, no podría presumir hoy del título de Mejor Club del Siglo XX.Y a la viceversa: sin el Real Madrid de don Santiago, tampoco probablemente Di Stefano sería hoy el Mejor Jugador de la Historia, con permiso de Pelé, Maradona y Cruyff.

Otra vez juntos, en los cielos, don Santiago y Di Stefano.

-Un autógrafo, don Alfredo, por favor –le habrá pedido San Pedro nada más verlo. Seguro.

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