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Viva Arquímedes

Decía Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Digo yo: demos un club de apoyo a Del Bosque y volverá a mover el mundo del fútbol.
Alemania ha ganado el Mundial de Brasil, gracias al “estilo de la selección española”. El germano es soberbio y prepotente, pero ha cambiado: eso era antes. “Se ha europeizado, ha humanizado su carácter seco y soberbio”. El seleccionador alemán Joachim Löw reconoce que “el estilo de hacer” de la selección española le ha ayudado no mucho, sino muchísimo, a conformar y fortificar su selección:
-Admiro el fútbol-arte (me alegra que se use el vocablo arte, puesto que arte es, en todo, el vino de la vida, que dijo Ritcher). España le ha hecho mucho bien al fútbol.
¿Cuál ha sido el secreto de la selección española? ¿Cuál el de la selección alemana? El punto de apoyo: el club. El de la selección española fue el Barcelona; el de la selección alemana, el Bayern.
-Si España no hubiera llegado a Brasil estragada de fútbol (Liga, Champions, amén de otros partidos y compromisos: temporada extenuante), otra hubiera sido su suerte.
Pienso que sí. Löw es un ser didáctico y pacienzudo, y sencillo: “Estudio y veo fútbol a todas horas”. Cree en el futuro de “su nueva” Alemania. Y cree en el punto de apoyo del club. El club, ciertamente, no es una selección, pero una selección sin el punto de apoyo de un club que aporte varios jugadores básicos y asociado no es perfecta.
No existe la perfección absoluta, sí la perfección relativa. Es lo que consiguió en su día Del Bosque, es lo que acaba de conseguir en Brasil con sus germanos Löw.
Pedro Escartín, el mejor árbitro español de fútbol de todos los tiempos (¿?), sostenía en su tiempo -uf, la de años que hace de eso- que la Selección era mejor cuando estaba bien el Athletic.
El club. El punto de apoyo. Arquímedes tenía razón. España se olvidó de la furia, su sello durante años y años, y descubrió, gracias a ‘Colón’ Aragonés, el fútbol-arte. El fútbol sinfónico. El fútbol de asociación sinfónicamente artístico. ¿Hay que renunciar a él por haber “tropezado” (me niego a usar la palabra fracaso en Brasil) No, sencillamente no. ¿Hay que jubilar a Del Bosque por el tropezón y poner en su lugar a otro que a lo mejor ni piensa, ni trabaja, ni teje como Del Bosque? No.
Lo que sí es verdad es que si los equipos- puntos de apoyo de la Selección- siguen importando estrellas que cuestan los tres ojos del cuerpo humano, malo. Es lo que le ha pasado, en parte, a Brasil, y en parte también, a Argentina.

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