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Independencia, España y Barça

Vengo de pasar unos días en la ciudad condal, mi cuna de nacimiento y bautismo. Me defino como un español que nació en Barcelona.

-¿Ama usted a Barcelona?

-Igual o más que Jordi Pujol y su clan. La diferencia entre ellos y yo es que ellos tienen más dinero que un jeque árabe y uno no tiene ya ninguna hipoteca; uno, simplemente, es un español nacido en Barcelona que gana las pelas justas para no pasarlas canutas: mi decencia no me ha permitido el “popular” título de imputado, que en España, como se sabe, hoy, para no ser un Don Nadie, hay que ser imputado.

Barcelona, suene o no suene la bolsa, sigue siendo una gran ciudad española.

-¿A pesar del señor Artur Mas?

A eso voy. Mi oficina de trabajo es la calle. Ver, hablar, observar, preguntar.

-¿Y usted qué opina del señor Mas?- le pregunto a un barcelonés en paro.

- Que en lugar de perder el tiempo con el coñazo de la independencia, lo que tendría que hacer es invertirlo en liberarnos de la dependencia del paro y de la angustia laboral.

Hay, según mis conclusiones, tras lo visto, dos clases de catalanes: los que sin saber lo que se hacen se han hecho de Artur Mas y los que, sabiendo lo que se hacen, se niegan a que el Barça deje de jugar la Liga.

-¿Por qué ser sólo catalanes –me argumenta uno- si podemos ser políticamente “bilingües”, esto es, catalanes y españoles?

Otro catalán, éste universitario colocado, me confiesa que no tiene más ocio, risa y gozo que la Liga:

-El fútbol, después del trabajo, es lo más importante para mí. Barcelona – y de pronto se me va por los cerros de Monserrat- no es la capital de España, y eso sí que no es justo. Lo justo sería que Barcelona y Madrid alternaran la capitalidad cada diez años, por ejemplo, algo así, pues tanto monta, monta tanto, Barcelona como Madrid. ¿Independencia para qué? ¡Caña, caña al Real Madrid en la Liga! Esto es lo que me hace disfrutar a mí.

Escucho. Tomo nota. Y respeto, como debe ser, todas las opiniones. “La democracia –tengo leído- se sustenta sobre las columnas de la educación, el cumplimiento de las leyes, la libertad y el sentido común de la tolerancia”. ¿Tiene sentido común la tolerancia?

Otro catalán, éste feligrés del Barcelona y de Artur Mas, por este orden de prioridad:

-Si el Barça y el Real Madrid llevan años y años conviviendo deportiva y honorablemente su rivalidad, ¿por qué no intentan resolver también honorablemente su desentendimiento constitucional el señor Mas y el señor Rajoy? No, no veo a Cataluña fuera de España, ni a España divorciada de Cataluña. ¡Coño, que no hagan tonterías!

Le susurro:

-Es que el señor Mas, en plan Luis Suárez (el jugador) no hace más que darle mordiscones ilegales a la Constitución. Y eso, ni en fútbol ni en política, es “juego limpio”.

Amo a España con Cataluña

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