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Ese juego veleta

“El fútbol, ese juego veleta”, que escribió Wenceslao Fernández Flórez hace yo qué sé la de años. Luis Enrique, críticamente, en la cuerda floja.

-¡Qué manera de empezar la Liga Luis Enrique! ¡Qué moto de tío! Como Marc Márquez. El Marc Márquez del fútbol.

Eso se dijo. ¿Lo recuerdan? El fútbol, ciertamente, es algo veleta. Hoy te quiere, mañana te ahorca.

-Ha sido un día raro –comentaba compungido Luis Enrique a los pocos minutos de ser noqueado por el Celta, su ex equipo.

-La fortuna ha estado con nosotros –reconocía con elegancia el entrenador celeste Eduardo Berrizo.

Veleta, fortuna, raro: ingredientes del fútbol.

-Ser entrenador de fútbol es muy difícil – solía comentar Fabio Capello

Jürgen Klopp, otra “víctima” de que el fútbol es así. Jürgen y su equipo el Borussia de Dortmund han descendido de la aurea gloria a la zona de descenso de la Bundesliga, increíblemente.

-Y pensar que barajamos su nombre para entrenador del Real Madrid –me comenta alguien del entorno de Florentino Pérez.

Yo no sé si Luis Enrique es entrenador excelso o no. Se está escribiendo de eso ahora. ¿Es poco entrenador para el Barça? ¿Es el Barça mucho equipo para él?

-Contamos, por supuesto, con él –ha saltado pacificador a la palestra de la polémica el presidente Bartomeu.

-Paciencia – susurra Zubizarreta.

Luis Enrique pertenece a la escuela de Mourinho. Arrogante, seguro de sí mismo e impulsivo. Dice a veces cosas que molestan.

-¿A quiénes molestan?

-A los jugadores. Se sabe. Y lo sabe, también, Bartomeu.

Ancelotti, en cambio, no es arrogante, y es reflexivo. Pertenece a la escuela de los que opinan que “el fútbol son ellos, los jugadores; y nosotros, los entrenadores, dependemos de ellos”.

El entrenador debe dominar las dos dimensiones, la cognitiva y la emocional. Ancelotti las domina. Lo esencial, no es ser, o sea “yo soy el mejor”, o tratar de parecer lo que no se es, sino escuchar, dialogar, reflexionar. El Barcelona tiene plantilla, esto es incuestionable, La cuestión del Barça es que Luis Enrique tiene dudas. Las tiene en las tres líneas.

-Pues que dialogue con los jugadores, como hacía en el Real Madrid Miguel Muñoz –me recuerdan- . La dialéctica del dialogo es la inteligencia de los hombres inteligentes.

Lo hacían Miguel Muñoz y Helenio Herrera.

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