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Efes indisociables

Futbol y forofo son efes indisociables. El solomillo del fútbol es el gol; su sustancia, el forofo. El papanatismo de la demagogia no va conmigo y desde el pasado N-20 (nefasto día por el enfrentamiento ideológico de ultras fuera del estadio del Atlético de Madrid, con muerto y heridos), sigue hablándose, de hecho todos los días, de medidas severísimas, de medidas coercitivas, de medidas punitivas, de medidas policiales.

-¡Qué barbaridad!

Eso piensa uno, máxime desde que los memoriones han desempolvado la Ley de 2007.

-Ahí, en esa Ley, se preveía lo que ha pasado, y se preveían sanciones.

Ni caso, sin embargo, a esa a la ley. Casi nadie sabía que existía. Cosa muy española

El fútbol es un ocio gozosamente prosaico, reglamentado por los ingleses para que el ciudadano se desgañite a gusto gritando o cantando por lo menos una vez a la semana.

-¿Cómo ir a misa los domingos?

-Algo así.

El otro día, en los aledaños del Calderón, había tantos vehículos de ángeles del orden urbano, que la cosa sorprendía y encogía a la vez.

-¿Hay, acaso, algún presido o cárcel por aquí?

-Hay, señor inglés, un estadio de fútbol –le informaron.

Fútbol y policías, No, por favor. La ideologización del fútbol, veneno de serpiente boa, envenenado encima con la desmesura policial. No exactamente por la desmesura policial, sino exactamente por la desmesura de quienes vestidos de paisano y con cargos políticos o institucionales recurren a las fuerzas del orden por dejadez, pasividad o ignorancia de la Ley de 2007.

-Los enemigos del hombre, según nuestra ortodoxa religión, son mundo, demonio y carne – me recuerda un delicioso tonsurado forofo del Atlético- . Los enemigos del fútbol –agrega- son el telefútbol (vacía cada día más los estadios, salvo cuatro o cinco), los precios de los abonos y de las entradas, los salarios alpinos de los jugadores ricos y las ideologías. Como “fútbol es fútbol”, que decía Boskov, hay que podar al fútbol de las malas y venenosas hierbas que lo ensucian y denigran

-¿Cómo?

-No con el mazo de medidas policiacas acollonadoras o totalitaristas. Hay que pensar y dialogar. La democracia es eso, eso es también el deseado y honorable civismo. Un estadio silente es como un huevo sin yema. Al estadio se va a disfrutar y a gritar, y a insultar con gracia y salero, y con canciones escritas con ingenio (como las ingleses)

-¿Y cómo se insulta con gracia?

- Recuerdo el insulto de un andaluz a Reyes: “Majo, corres menos que un galgo cojo”. El insulto también es un arte.

Si yo fuese Villar, reuniría en asamblea a los presidentes de los clubes de fútbol y les diría:” Queremos “ultras” con una sola bandera, la del club, y con espíritu deportivo de matrícula de honor. “El espíritu deportivo –dejó escrito Camilo José Cela (tomo 12 de sus Obras Completas), desde su origen, es sinónimo de elegancia Hay que aprender a perder, que no es fácil, y a ganar, que es todavía más difícil. En el tenis, el tenista, cuando pierde, no le echa la culpa a la raqueta.”

Hay que gozar, pues, del fútbol sin ideologías, sin policías, sin racismo y sin insultos zafios. Educación, como dije el otro día. Y no caer en la zafiedad totalitarista de querer resolver con medios “conminatoriamente agresivos” la violencia de los violentos. La fuerza es menos poderosa que el dialogo y la educación.

Un estadio sin “ultras” educados es triste como un Crusoe en isla sin mujer. Soy un demócrata singularmente raro: creo en el poder del dialogo y en que las leyes se hacen para ser cumplidas, no para ser olvidadas s en el baúl de los recuerdos de Karina.

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