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Segundo sexo

2015. Acaba en cinco. El cinco es número inquieto. El azar y él hacen migas. El cinco es el número de Venus.

-El “segundo sexo”, el sexo de la mujer, que decían los antiguos, desde que se decidió a opositar a “primer sexo” (el hombre), avanza que es un primor: con la fuerza, el coraje y la ambición del “destapado primer sexo”. El “segundo sexo” acabará gobernando el mundo.

Me lo dice quien me lo dice: un catedrático. Pensador, filósofo, lector de Schopenhauer. “La mujer –decía Schopenhauer– debe ser educada no para ser arrogante, sino hogareña y sumisa”.

-¿Pensaba así mente tan prodigiosa?

 Así pensaba y así lo escribió. Así lo escribió en el siglo XIX, que no está tan lejos. ¿Qué por qué escribo sobre eso? Hay razones. El hombre es un hato de vicios, virtudes (con mucho esfuerzo) y admiraciones. Admiro a la mujer. Y creo en ella.

-¿Más en ella que en el hombre?

-Hoy, sí; dentro de un siglo, no sé.

Como soy también optimista, al menos lo procuro, y no como el político Cayo Lara, sistemáticamente un Don No (¿por qué sólo ve pajas y vigas en los demás y nada en sus ojos?), digo, como soy optimista, me seduce el optimismo competitivo y retador de mujeres como Mireia Belmonte. Mireia, para conseguir lo que consigue, (mogollón de oros, platas y bronces en natación) no solo trabaja y se esfuerza, ha aprendido también a sufrir.

-He aprendido a convivir con el dolor –dijo hace unos días.

Como Rafa Nadal, 28 años, y flagelado por dolores que ni se sabe.

-Cuando te acostumbras a él, y yo ya estoy acostumbrado, el dolor se hace a ti, y se convierte en una sensación con la que sabes que tienes que convivir- admite.

El deporte es gloria y dolor. Las dos cosas. Los hermanos Márquez, tan jóvenes, saben también mucho, ya, del dolor de la gloria.

-Caerse es inevitable a veces – le tengo leído a Marc-. Y las caídas, duelen, física y moralmente. Si te acojonan el miedo y el dolor de la caída, hay que dejar la moto.

Y la raqueta y la natación. Di Stefano, víctima de la cortisona, se sinceró también con humor conmigo:

-Estoy así, como me ves, por culpa de la cortisona. Y la culpa –matizaba- no era de la cortisona, era mía. Pues yo,a pesar del dolor de las molestias, quería jugar. “¡Échenle cortisona a esa bruja del dolor, que yo juego!”.

Gloria a Mireia, a Nadal, al clan Márquez y, ah, también a Fernando Alonso en 2015. Gloria y dolor.

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