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Falla el puente de mando

A don José María de Cossío, el autor de ‘Los Toros’, lo que le gustaba era el fútbol, de igual modo que a don Santiago Bernabéu lo que le entusiasmaba era la música y leer a Kant en alemán.

—¡No me diga!

—Le digo.

Y miento menos, casi siempre, que un político en campaña electoral. Don José María —cuando le conocí yo tenía diecisiete años, qué gozo, qué ilusión, qué pena que vivir consista en sumar años—, don José María, digo, tenía fea y sucia la dentadura y fresco y jovial el carácter, amén de ocurrente.

—El fútbol —definía— es un paradójico juego de contrarios. Consiste el trabajo del portero y de los defensas en evitar el gol. Ellos son el no al gol. Reside el trabajo de los delanteros, en cambio, en llevarles la contraria al portero y a los defensas. Igual que los toros. El toro “juega” a que no lo maten, el torero a matarlo.

Don José María era muy sofista. Aprendí mucho de él, asistiendo de oyente mudo a una peña de conversadores que presidía él y a la que asistían, entre otros, don Santiago, el doctor Oliver Pascual, Samitier, Pasarín y Pedro Escartín. Samitier era tan sofista y ocurrente como don José María.

—La emoción del fútbol —discurría filosóficamente Samitier— es tan importante como el gol y el no gol. El corazón late deprisa cuando se sufre, y en el fútbol se sufre cuando la emoción competitiva dura hasta el último minuto.

¿Qué hubo en el Real Madrid-Villarreal? Sufrimiento, emoción. Lo lógico, a priori, era la victoria del Real Madrid, tan superior –en teoría- en todo. El Villarreal, con suplentes, en consecuencia tan inferior en todo, empató sin embargo.

—Qué partido tan emocionante hasta el final—, celebraban los indiferentes.

A los no forofos, gustó. ¿A quién no excita la pugna de la lucha? Los forofos, en cambio, se cabrearon. Se cabrearon con ruidosa música de pitos hasta con el diplomático Ancelotti por sustituir a Isco

—¡Pero qué hace Ancelotti! Los entrenadores tienen razones que el sentido común no entiende. ¡Qué barbaridad! —exclamaban indignados forofos de Isco y del Real Madrid—.

Camino de casa, volví a acordarme de don José María, que veía el fútbol con mucho sentido común: “El puente de mando de un equipo —dogmatizaba— es el centro del campo. Si los medios no funcionan, no funciona el equipo”.

En el entonces de don José María, a los centrocampistas se les llamaban medios. El Real Madrid, en efecto, falla, y bastante, por ahí. No hay cohesión, tampoco simbiosis, entre los defensas y su troika de ases (Bale, CR7 y Benzema).

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