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La alcaldesa Carmena y Don Santiago

Decía el doctor Marañón que la vejez, para algunos, es la edad de la nostalgia. ¿Nostalgia de qué? Del ayer, de lo que uno ha dejado de ser. Napoleón la detestaba: “No es constructiva, es decadente”. Montaigne : “Es nociva”.

Cuando Franco, yo era joven.

-¿Se acuerda usted de Franco? – me preguntó en un Colegio Mayor, hace algún tiempo, un estudiante de Políticas.

-Me acuerdo, sí. Me acuerdo de que no me dolía nada, de que yo era un periodista que viajaba mucho, de que me importaba un bledo el pasado y de que no hablaba de política.

-O sea –me replicó-, que usted era feliz con el franquismo.

Le corregí:

-Con el franquismo, no; en el franquismo, sí. O sea: juventud, divino tesoro. Cuando se es joven, el cielo es siempre azul y el campo es siempre verde. Los años oscurecen esos colores.

La alcaldesa de Madrid es la ex juez emérita doña Manuela Carmena, 71 años.

-Toda una edad señora.

-En efecto, toda una proba –por su pasado profesional, de mucho mérito- y toda una provecta dama.

Cuando Franco, amén de joven, era comunista y estudiante más que notable.

-¿Cómo lo sabe?

-Preguntando.

No sé si es verdad o no; ignoro si, en efecto, como leo, piensa la señora y emérita alcaldesa pasar la goma de borrar por el callejero de Madrid para suprimir de calles y colegios nombres y apellidos ilustres de la simbología franquista.

-Eso de que haya calles que recuerden todavía a Mola, a Franco, a José Antonio, a la División Azul o a Santiago Bernabéu –me dicen- no le gusta.

Franco murió hace cuarenta años. Casi todos los menores de esa edad, ignoran, casi, hasta quien fue Franco, de igual modo que yo ignoraba la guerra de Marruecos cuando le oía hablar de ella a mi abuelo paterno.

-¿Qué guerra esa ésa, abuelito?

Le inquiría estando él jubilado y yo en esa seráfica edad en que todo se lo dan a uno masticado y hecho.

-¿Qué edad es esa?

-La infantil, esa edad en que sólo se piensa en jugar, esa edad que todos los niños, ricos o pobres, sonríen, ríen e ignoran el IRPF y la existencia de las hostiles y pugnaces ideologías.

De risa. Da risa. Don Santiago Bernabéu, un “símbolo” del franquismo. Lo publiqué aquí hace dos días. A mi pregunta de cuál era su ideología, raudo, me contestó don Santiago.

-La del sentido común.

Señora alcaldesa: aprenda usted de don Santiago: era muy inteligente, y franquista o no franquista, era eso que ha dado en llamarse una cabeza muy bien amueblada: liberal, sin mojigangas revanchistas. Limpio, higiénico, sano. ¡Ah, si los políticos fueran como don Santiago!

-España sería hoy como el Real Madrid: el mejor país del siglo XX.

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