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Yo sigo

“Me lo piden, luego sigo” (Ángel María Villar). El hombre es él y sus lealtades, también esto, con permiso del señor Ortega.

-A don José, lo intuyo, le gustaría la sustitución de circunstancias por lealtades,

Lo sé. Leo a don José de vez en cuando. A cierta edad, y uno tiene cierta edad, reparte su tiempo de ocio con más esmero.

-Con más inteligencia, vaya.

-Vaya, con más esmero. Las personas inteligentes, que decía no sé quién, inspiran antes envidia que simpatía.

Ángel María Villar entró en la Federación Española de Fútbol con cara de niño. La cara le ha cambiado. El tiempo lo cambia todo. La materia se transforma, el tiempo transforma. Villar no es materia: es carne, alma y lealtad al fútbol.

-Y terco y soberbio.

-Cuando le tocan la gónada, sólo entonces. Si no, no. Javier Tebas, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, es un notorio pianista de gónadas. Por eso no lo traga Villar. La diferencia entre ellos es notable a favor de Villar. Villar sirve mayormente al fútbol, Tebas se sirve mayormente del fútbol.

Alejandro Blanco, que lo está haciendo de cine de la Metro con león, ha elogiado a Villar en la asamblea del fútbol. Con valentía, sin meandros eufemísticos. “Tú sí que vales, Ángel”, vino a decirle. Claro que vale. Si no fuese así, no le hubieran renovado las vicepresidencias en la FIFA y en la UEFA.

-Ángel es el sentido común y la experiencia, y tiene ideas – dijo de él, hace años, Blatter, hoy, como se sabe, entre la picota y la soga del ahorcado.

El problema de Villar es que, amén de terco y soberbio, a veces no es nada político, pues jamás promete lo que no puede prometer (la viceversa de mi querido Adolfo Suárez, a quien quise y quiero), y casi siempre dice lo que piensa cuando a veces no debiera decir lo que piensa.

-¡La verdad es la verdad! -me gritó en cierta ocasión-. No sé disimular.

Si supiese disimular, si supiese callarse las verdades, si supiese pensar y no decir, no sería el presidente de la Federación Española de Fútbol. Probablemente sería político. Y notorio.

El fútbol, hoy, como es a la vez un juego global y una globalidad de intereses, genera en su casta ejecutiva celos, envidias y afanes. Yo no digo que Villar sea un santo, lo que sí digo es que entre el lobo y ansioso Tebas (no ama el fútbol, se sirve de él: estás diferencias hay que tenerlas siempre en cuenta) y el leal al fútbol, elijo a éste, o sea a Villar. Sin dudarlo. Por eso los federativos y votantes de papeleta y urna del fútbol le han pedido a Villar que se presente, que siga. Que se “inmortalice” en la FEF mientras pueda.

La vida me ha enseñado a fiarme de los leales y a cuidarme de los ansiosos. De algo ha de servirme la “cierta edad” que tengo.

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