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Chinos y pragmatismo

Como nadie lo ha dicho –creo-, lo digo yo: el hombre, más que él y sus circunstancias, es él y su pragmatismo. Hay que ser como Luis Enrique.

-¿Cómo es Luis Enrique?

-Pragmático. Pragmático es el hombre que desea “hechos” y no es feliz hasta que los consigue, los palpa.

Luis Enrique suma la cifra de 29 partidos invicto. Pero lo suyo no es disfrutar con esa clase de récords. Lo repite cada dos por tres y cada tres por cuatro:

-Si el récord de invicto no acaba en la consecución de títulos, ¿de qué sirve, para qué sirve?

Luis Enrique, como Groucho Marx, que decía:

-Correr una maratón e ir el primero todo el recorrido y ser pasado en los últimos metros, es un fracaso.

El fútbol es el juego-espectáculo-neurosaludable (gritar es otra forma de terapia)-, negocio (para los jugadores) del globalizado siglo XXI.

-Por eso, así como Unamuno y Ortega pedían la europeización de España, España, en fútbol, esto es, la España del fútbol, pide ahora su asiatización.

Sólo, matizo, que Asia no nos achina el fútbol con jugadores, sino con colosales ejecutivos colosalmente multimillonarios. Lo de China, de verdad, es fantástico: da la impresión de que sólo tiene dos clase sociales: la clase de los que montan tiendas de frutas y toda clase de objetos baratos gobernadas por empresarios tenaces y modestos, y la clase de los que invierten sus sacos sin fondo de exultantes millones en clubes de fútbol.

-El fútbol –me alecciona un chino millonario que habla el español como yo chapurreo el inglés- educa, el fútbol es cultura, el fútbol divierte.

Y agrega filosóficamente:

-La diversión es la felicidad de los que no saben ganar dinero. Por eso gusta tanto el fútbol, por eso se llenan los estadios.

Lo malo de estos chinos con acciones en clubes españoles es que, como sigan así, o sea desencantando (Real Club Deportivo Español, Valencia…) , el fútbol español puede irse “pragmáticamente” a la porra, que es donde, por cierto, puede terminar también España, políticamente, si el Podemos del seductor Pablo Iglesias consigue noquear (en ello está) al iluso y patológicamente enfermo de poder o Moncloa, que tanto monta, Pedro Sánchez.

Hay que ser como Luis Enrique: pragmáticamente inteligente.

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