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Globalización

Pedro, sólo quedamos tú y yo”, le dijo el otro día en el hemiciclo o estadio de los partidos políticos Pablo Iglesias a Pedro Sánchez”. Sonrisas. El ingenio, afortunadamente, no entiende de ideologías.

-¿Está usted seguro?

-Según un filosofo, de cuyo nombre no puedo acordarme (estamos en año de aniversario cervantino), dijo que el humor es la otra religión que hace soportable esta vida de ideologías.

Lo único que recuerdo de él es que era ateo, pero un ateo, como casi todos los ateos intelectualizados, dudan de todo, también de ellos.

-Vivir es dudar.

Y preguntar. Estadio Bernabéu. Partido Real Madrid- Roma. Papá con niño.

-Papá –le pregunta el niño (los niños, como los sabios, lo preguntan también todo)-, ¿por qué el Real Madrid es un equipo globalizado?

-Por la alineación, hijo. Fíjate en los jugadores. Menos Sergio Ramos, todos son extranjeros.

-¿Y eso por qué, papá? ¿Por qué todos son extranjeros?

-Mira, hijo, déjame ver el partido. Luego te lo explicaré en casa.

El público del Bernabéu ama al Real Madrid con la severidad de la exigencia. No pasa una. No se casa con nadie, tampoco por lo tanto con Florentino Pérez, a pesar de lo mucho que ha hecho y sigue haciendo por el Real Madrid.

-Pasa con Florentino en fútbol lo que con Rajoy en política. Hagan lo que hagan, sólo los ensalzarán, que diría Rubalcaba, cuando los entierren, que a los españoles, ciertamente, lo que mejor se nos da es crucificarlos en vida y colmarlos de olorosas flores, como a María en el mes de mayo, cuando los han encajado bien encajado en el féretro.

La globalización, guste o no, es lo que hay. Sergio Ramos, plagiando a Pablo Iglesias, también podría decirle a FP: “Florentino, españoles de España, sólo tú y yo”.

Por eso, cuando salió el canterano indígena (gallego) Lucas Vázquez por Bale, en el minuto sesenta, el severo y exigente público del Real Madrid FP lo acogió como a un “enterrado”, o sea con flores, como se celebra a María en mayo.

-¡Muy bien, muy bien, Zidane (otro globalizado)- gritó con fervor patriótico el papá del niño.

Nada tiene uno contra la globalización. Nada de nada. Pero la FIFA, se me ocurre sobre la marcha, debería premiar con un “Club de Oro” (algo así) a los clubes que cultivan la cantera nativa. Una globalización tan apátrida como la del Real Madrid, no sé, pero me gusta tan relativamente poco como el zafarrancho de partidos enfrentados (odios, poca voluntad de solidaridad, más amor a la Moncloa que a España…) de nuestra celtíbera democracia.

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