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Absolutista

El español es absolutista. Acabo de leerlo.

-Cuando critica, el español no es relativista, es absolutista.

El político no es relativista, ni pactista: es mayormente absolutista, también.

-¡No, no y no, y absolutamente no, a Rajoy! –exclama una y otra vez Pedro Sánchez en los mítines, en las cadenas de televisión y merendando chocolate con churros.

A la vez, este joven y absolutista político habla, contradiciéndose, de pactar y de gobernar con “híbridos ideológicos”.

-¿Qué es eso?

-Un “híbrido ideológico” es algo así como un gazpacho andaluz pero muy mal hecho.

-¡Ah!

El Barça es también absolutista, pero de otro modo.

-Aspiramos a absolutamente a todo: al triplete, al Balón de Oro, al Pichichi y a las supercopas. Cada día –opina Luis Enrique- lo hacemos mejor.

El Real Madrid, en cambio, tiene inexplicablemente picado el sentimiento del absolutismo.

-La verdad es que lo veo y no me lo creo –dicen que susurra FP en voz baja para que no nos enteremos los medios.

El ego de FP, sin embargo, es también absolutista, como el de Pedro Sánchez. Y los dos, auguran los que viven de augurar, van a salir, pobrecillos, chasqueados, con perjuicio para terceros, por sus equívocos modos absolutistas.

-¿Por qué?

- Los “híbridos ideológicos” son experimentos peligrosos. Son ya muchos los que consideran que el pacto/matrimonio PSOE -Ciudadanos es algo así como un matrimonio/ pacto híbridamente morganático, luego nada natural y por lo tanto raro. En cuanto a FP, hay que convencerle de que el fútbol no es absolutamente el poder de la chequera, sino la serena y paciente vertebración de un proyecto.

Simeone no es absolutista. Es argentino. Por eso, tal vez, ha conseguido hacer del Atlético un conjunto absolutamente armónico, sin híbridos de individualidades absolutistas.

-Ya ni los atléticos más viejos del Calderón, por cierto, se acuerdan de que hubo un tiempo en que Atlético era sinónimo de “pupas”.

Contra la tozudez del absolutismo (insolidario y poco racional), pues, la inteligencia pragmática de la reflexión y relatividad. Fíjense lo que consiguió Einstein con su relatividad: la gloria por los siglos de los siglos. ¡Coño, no seamos absolutistas!

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