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¡Cuidado!

La estética y la educación: he aquí dos valores. Cuando Pablo Iglesias, aquel día, visitó al Rey en La Zarzuela de vaquero y en manga de camisas, me dije, dije en voz alta:

-Qué mal gusto y qué mal educado.

Refunfuñé a continuación:

-Jamás votaré a un señor así.

La ideología es una cosa: respeto todas las ideologías, salvo las feas y maleducadas.

-Es usted un esteta.

-Pues sí: un esteta casado con la unidad de España y sus tradiciones. Repudio por lo tanto a todos quienes “juegan” con la unidad de España, son maleducados y se mofan de las tradiciones. Ser progresista, ser un ser siglo XXI, no es ser un Pablo Iglesias.

Siempre la política y siempre el fútbol, las dos dialécticas de hoy. Luis Enrique y Zidane. Dos caracteres asimétricos (lo digo así, en homenaje al asimétrico Pedro Sánchez, el Don No de Rajoy). Zidane es educado y tiene el buen gusto de contestar a las preguntas de los periodistas, acres o dulces, con una sonrisa siempre respetuosa y afable.

-A Zidane, que es la “paciencia” (una de sus palabras favoritas, últimamente), al margen de que gane o no la Champion o la Liga, hay que darle el voto de confianza de una temporada más. Cada día, lo hace mejor; cada día, motiva con más arte y salero a los jugadores; cada día crece la autoridad de su magisterio psicológico y técnico: se nota, se ve, se palpa –le he dicho a un “asesor” o “susurrador” de Florentino Pérez, el “impaciente”.

La obsesión es una peligrosa patología. ¡Cuidado, pues, con los obsesos!, que diría Mota. La obsesión patológica de Pedro Sánchez es echar a Rajoy de la Moncloa! ¡Cuidado! La obsesión patológica de Pablo Iglesias son los sillones ministeriales. ¡Cuidado! La obsesión, también patológica, de Florentino Pérez, es echar a los entrenadores que no ganan la Liga ni la Champions. ¡Cuidado! La obsesión de Luis Enrique es la antipatía y la mala educación.

-En las ruedas de Prensa, sale siempre con cara de estar enfadado con los periodistas y consigo mismo -dice de él la mayoría de mis colegas catalanes.

Ayer, una vez más, contestó estultamente a un periodista que le preguntó por el bajón físico del equipo.

-¿Cuál es su apellido? –le soltó.

Y lo ignoró desdeñosamente.

¡Cuidado, cuidado, pues, con los maleducados, los antiestetas y los obsesos patológicos! La vida es muy corta. No la oxidemos con patologías y modos descorteses.

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